“But Paris was a very old city and we were young and nothing was simple there, not even poverty, nor sudden money, nor the moonlight, nor right and wrong nor the breathing of someone who lay beside you in the moonlight.”

E. Hemingway.
"París era una fiesta"


Monday, 23 August 2010

Que todos los niños estén muy atentos.

Comienzo del curso escolar. En las flamantes mochilas -compradas según la estatura, el peso, la forma de la espalda, la postura al caminar- van estuches llenos de lápices de color, crayolas, plumones, portaminas, lápices para escribir, gomas, sacapuntas. La cantina con la merienda cuidadosamente  preparada y adecuada a cada gusto también tiene su espacio. Las libretas y portafolios no han sido olvidados. Todo nuevo, reluciente, efectivo, gratificante.

Los veo alejarse y cierro la puerta tras ellos. Estoy acostumbrada al proceso y, sin embargo, algo dentro de mí se asombra porque puedo verme claramente, cargando mi mochila rusa, azul y tiesa, con un Pinocho pintado y correas que se encajaban en mis huesudos hombros por un caminito de adelfas hasta la escuelita. Mis libros iban forrados con las páginas más coloridas de la "Mujer Soviética" del mes, mis gomas eran especiales porque me las había traído mi papá de su oficina, los lápices de color iban alineaditos en su caja con letras chinas y la merienda era lo mejor que había en la casa, aunque no me gustara.

No se me ha ocurrido nunca comparar infancias, sería absurdo tomando en cuenta que se trata, más que de dos países, de dos universos distintos. Pero algo en común tienen: la rapidéz con que pasan. Dentro de unos años que me parecerán días los recordaré a ellos y a mí misma otra vez, cuando vea a mis nietos partir rumbo a la escuela.


                                          Foto: Libro de Lectura 1 grado

3 comments:

  1. joder, me tiraste patrá una bola de years.

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  2. El conteo regresivo, que no cree en Europa ni en la madre de los tomates.

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  3. Mi maleta nuevecita azul y roja, las gomitas de olores, sacapuntas con formas de animalitos, colores, mis libretas y libros forraditas por mi papá, tan perfectos, como solo el sabía hacerlo. Por ahora, lo disfruto con mis sobrinos y los hijos de mis amigas. Antes que me de cuenta, lo haré con Amelia.

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¡Habla, pueblo de Aura!