“But Paris was a very old city and we were young and nothing was simple there, not even poverty, nor sudden money, nor the moonlight, nor right and wrong nor the breathing of someone who lay beside you in the moonlight.”

E. Hemingway.
"París era una fiesta"


Wednesday, 30 December 2015

Al filo del deadline, reflexiones:



Ayer, en una fiesta, mientras afuera caía una nieve blanda y tintineaban mil luces navideñas, entre vinos y tapas y risas y libros y cuentos picantes y las fotografías más dolorosas tomadas en un campo de concentración que he visto jamás, dije que estaba, estoy, en el mejor momento de mi vida, y que no cambiaría la mujer que soy ahora por la que era hace diez, o incluso veinte años.

Madurar es un proceso fantástico, dije, si se hace bien, si se tiene un mundo hecho a la medida, aunque para crear ese mundo uno haya tenido que parirse a sí mismo veinte veces al año: no logro imaginar algo más triste que llegar a la mitad de la vida siendo una especie de Peter Pan, creyendo que la hierba es más verde al otro lado, saltando de nube en nube con la esperanza de que alguna aguante el peso de la realidad, balanceando elefantas sobre la tela de la araña.

Y esto, por supuesto, me ha lanzado a los amantes brazos de mi entrañable Juanito, que una vez escribió:

De muchacho, me sentaba al borde del gran río y pensaba:

-Quién sabe si, de mayor, alcanzaré a la otra orilla.

Soñaba con conquistar una bicicleta. 

Ahora tengo cuarenta y cinco años y he conquistado la bicicleta. A menudo voy a sentarme, como antaño, al borde del gran río y mientras masco una brizna de hierba, pienso: "Se está mejor aquí, en esta orilla".
Lo cual, como también diría mi amado Juanito, es bello, e instructivo, y cierto, y hace bien al corazón saberlo.





Tuesday, 29 December 2015

As de espadas

Hoy se ha ido Lemmy Kilmister, uno de los saurios de la música. Quedan su voz de fierro oxidado, su dureza de perro viejo, su bajo afilado, para recordar que cuenta en la banda sonora de la vida del mundo.
Rest in metal, Lemmy. Safe journey.




Sunday, 27 December 2015

Peu ou prou, Serrat

Hoy cumple años el tal Tarrés que tuvo la poca vergüenza de enamorar primero a mi madre, y luego a mí, con las mismas palabras: sólo a él le perdonaría algo tan desfachatado.

Sigo con ganas de quedarme a vivir en tus lunares.
Feliz día, Nano.




Educaciones

Leído en el solar:

 "A veces el caballero de la brillante armadura no es más que un idiota revestido con papel de aluminio." 

Hay gente por ahí tirando con Máuser, que no echa humo. Qué ricura.



Saturday, 26 December 2015

Raposa

Cosas para mantener alejadas con la oración al Justo Juez, una pizquita de cascarilla y agüita clara:

-las canciones de Alejandro Sanz
-los tintes de pelo
-los filetes grasientos
-la gente que va repartiendo por la vida repartiendo bendiciones que nadie les ha pedido, como si fueran obispos de civil.

Solavaya, digo. Y dame un ladito, mi amor.



Guarapo in memoriam

En una fiesta, un señor finés me ha preguntado por Fidel Castro. Quería saber que pienso de él, y su influencia en mi vida, y su vigencia en Cuba, y si goza de buena salud, y tengo que admitir que, por una vez, me he quedado sin saber qué decir: es como si me hubieran preguntado por el funcionamiento de una lámpara china, artefacto complicado donde los hubiera que en su momento me fue tan cotidiano como los apagones que le daban sentido, y que ahora me resulta sencillamente abstracto, por lo obsoleto. 

La única persona que Guarapo puede influenciar a estas alturas es a Dalia, que tiene que estar loca porque se muera para descansar de él, chico. Ah, a y los que salen a repartir palos mientras gritan: "¡Esta calle es de Fidel!", pero en el caso de estos cuenta la acción de macanear a alguien, no el grito de guerra. Si vociferaran: "¡Esta calle es de Porfirio Franca!", el efecto sería el mismo.

Friday, 25 December 2015

Still moving

"(...) que los tuyos sepan que te dejas la piel, con gusto,para revivir lo que tus mayores te legaron."

Es el mejor voto que he recibido esta Navidad, y el que más me importa, porque al final uno no es sino eso: lo que fue capaz de hacer, cuánto fue capaz de amar, lo que fue capaz de dar de sí mismo para  los demás, que son el mundo pequeño. 

Y a juzgar por este regalo, el más lindo de todos, creo que lo estoy logrando.



Wednesday, 23 December 2015

Everythingman

Uno de mis grandes amores cumple años hoy. Sin él, yo no sería quien soy: Love Boat Captain, hail!


Thursday, 17 December 2015

Saturday, 12 December 2015

La simples cosas

 Escuchado temprano en la mañana:

"Tú eres una mujer sensual, no una mujer romántica. O sí, eres romántica, pero con el romanticismo jodido de Hemingway, que cuenta pero no es lo mismo."

Que lo miren a uno y además lo vean con luz larga de entendimiento: eso es un regalo.




Thursday, 10 December 2015

Hambre


Me pregunto si, de tanto leerlos, uno termina por parecerse a los personajes literarios que ama, y si esa es la razón por la que yo, además de cocinar berenjenas en todas sus formas, dejar crecer praderas de amapolas donde antes estuvo el recuerdo de alguien y rebañar pedazos de pan en la salsa de imaginarios guisos de conejos, pienso que estos días oscuros y húmedos de velas constantes son la definición del buen tiempo.






Soy una rana



Soy una rana.

Soy una rana a punto de comerse una mosca.

Soy una rana a punto de comerse una mosca y un elefante.

Soy una rana a punto de comerse una mosca y un elefante que sabe bailar y soñar.

Soy una mosca a punto de comerse un elefante que sabe bailar y soñar con sombreros extraños que flotan sobre una torre.

Una torre que rompe a reír y asusta a las tazas de café que saltan y aterrizan en la cabeza de un perro y un puerco espín.

Un puerco espín que no oye el despertador sino los aullidos de los lobos y la canción nocturna del bosque y los leopardos.

Los leopardos que se hacen amigos de los peces que guiñan un ojo y le sonríen a la luna.

Y el cocodrilo.

El cocodrilo que tiene que estornudar en el preciso momento en que siente un tenedor hincarse en el lomo de un cerdito de mazapán. 

Un cerdito que no puede esperar a después porque entonces no será el viento y tampoco el mar o un volcán.

Un volcán que tiene que levantarse temprano para alejar a los rinocerontes del lago.

El lago y el atardecer que se han dormido y que tienen tantas ganas de que llegue el día de mañana que han lanzado tomates y mermelada a los pájaros que recién despiertan del sueño en que otro pájaro se asombraba de los movimientos galácticos.

Y el chasquido de la lengua de una rana.

Nam.

Texto: Kurt Johannessen

Ilustración: Øyvind Torseter

Yo, enamorada de un batracio.

Wednesday, 9 December 2015

Puntos

Vas a decir que la madrugada es de lluvia sobre La Habana
que el malecón habla en sueños
que Silvio está otra vez cantándole al fantasma de alguien
que la ciudad se cae, se cae, se cae
que todo huele a las gardenias que te regaló la negra buena diciendo
que te pareces a Cachita y
que hablarás del cosmos otro día, porque ahora la única estrella
que cuenta -oscura, húmeda, palpitante- está en tu mano izquierda, mientras la derecha se apoya en el cristal de esta ventana enorme
que refleja lo mal que le quedan a Kurt Cobain tus pezones.


Thursday, 3 December 2015

A god, a man, a ghost, a guru

A veces es como si el Viejo del Cielo dijera: "Aquí tiene, para usted solita, por ser tan buena niña. Ahora, sonría."
Esta es una de esas veces.



















Monday, 30 November 2015

Needling


 No me lo dijo el dolor, sino escuchar la carcajada del doctor Arjona resonar por el pasillo interminable del hospital, y no en la intimidad alcanforada de su gabinete, donde los siete estudiantes de medicina se volvían a morir regularmente, junto con mi garganta y el esmalte de las sillas. Sabía que esta vez las penicilinas no me las iba a poner Antonio Pons, cuyo "¡Qíubo, familia!", estentóreo y risueño, coloreaba de cariño el horror del ámpula al descabezarse. Sabía que mi mamá había empacado mi pijamas nuevecito, y eso no dejaba duda alguna sobre la seriedad del asunto: ella siempre ha insistido en que uno ha de morirse lo más elegantemente posible.

Lo que me sorprendió fue la enfermedad de los otros, la promiscuidad del llanto, la extraña confianza que se establecía entre las madres partiendo de unos grados de fiebre común entre los hijos. Y me sorprendió la repugnancia con que mi papá lo miraba todo, guapo y ajeno, tan loco por salir de allí ya como yo.

La ronda de inyecciones era cada tres horas. Al paso de la enfermera y sus jeringuillas los gritos comenzaban a pulular: no hay nada tan terrible, ni tan despetroncado en decibeles, como el miedo de un niño. El morenito de la cama de enfrente, en particular, ponía una resistencia digna de un campo de concentración: nunca antes, ni después, he visto a alguien aferrarse tanto a los barrotes de una cama. Aún recuerdo sus alaridos, la ira de la enfermera, la atribulación de la mamá.

Mi papá, con las mandíbulas apretadas como siempre que algo le desagrada, se volvió hacia mí y dijo bajito, con voz dura: "No vayas a dar ese espectáculo." Fue una orden, pero también una lección de vida. Yo también apreté los dientes, y la enfermera hizo su trabajo, y me dijo que qué bien me había portado, y mi papá se rió con sus dientes blancos y me trajo una manzana.

Entonces supe que el dolor es para aguantarlo en silencio, porque es la única manera de salir de él con decoro, y concentrándome en la forma perdí miedo al contenido. El dolor es un medio más, el charquito inevitable frente a la puerta de algo mejor. Y si, además de mirarlo de frente, se le puede poner un poquito de garbo, entonces es un fin en sí mismo: el placer está al doblar del último ardor, con su banda de seda negra.

Ponte cómoda, niña Alicia.




Tuesday, 17 November 2015

Citizen Dick

Y he llorado otra vez, pero de tanta risa, y me he dado cuenta de la falta que me hacía.
Arreglar, no arreglan mucho, pero mejorar, mejoran, a qué negarlo.

http://thingsmydickdoes.tumblr.com/





Saturday, 14 November 2015

Y el París que no nos queda

Últimamente, cuando creo que tengo ganas de hablar, pasa algo que me las quita de un plumazo. O de un bombazo, que al final es lo mismo: una pluma de hierro más. Al final creo que me voy a quedar con el silencio, y a llenarlo de abrazos a los míos, porque me doy cuenta de que el mundo de mis abuelos y mis padres, aquel que pensaba que sería el de mis hijos, no es más que una utopía.
Y yo soy una soñadora, pero mis tripas no.
 Adiós, París.

Friday, 13 November 2015

Y todo me parece que empieza

Además del elfo y del gnomo, hay allí un señor de unos setenta años, evidentemente alcohólico, encargado de poner en su lugar los carritos de la compra. Suelo sonreírle, y darle los buenos días, y decirle adiós, y tengo la sensación, cada vez que lo hago, de que se ilumina un poquito.

Hoy se me ha acercado, mientras curioseaba en los estantes de la librería.

"¿Andas en busca de un libro? ¿Piensas leer un poco este fin de semana?", ha preguntado con voz ronca, suave, de abuelo que se cansa.
"Sí, algo así", he dicho, y le he devuelto la sonrisa a sus ojos pardos.
"Buena chica", ha ripostado él, y luego ha seguido su camino hacia la hilera de carritos.

Más tarde, copa en mano, descalza, vestida sólo con una camisa de flanela azul, escuchando a Silvio, he vuelto a pensarlo. Quién sabe desde cuándo no le dice "buena chica" a alguien. Quién sabe desde cuándo una buena chica no le sonríe de vuelta. Quién sabe desde cuándo una buena chica siente que el viernes se vuelve más, sólo por haberlo iluminado a él.


Thursday, 5 November 2015

Under den samme, kalde, kvite månen nå

Y porque, al final, yo vine a Europa a bailar la carioca, que no cansa ni sofoca y es un baile popular. Todo lo demás es mentira de Los Xey.






Tuesday, 3 November 2015

De pechos y lunas llenas

Y estoy segura de que esta cura que va por fuera es, tiene que ser, tan importante como la que va por dentro. Siempre he pensado que los demonios son para amansarlos, y esto me reafirma en esa convicción.



David Allen - Pioneer Studios - Chicago

Monday, 2 November 2015

Ni tan fiel, ni tan difunta, ni tan estrella, ni tan estrellada

"Hay algunos que nacen con estrella y otros estrellados, y aunque tú no lo quieras creer, yo soy de las estrelladísimas..."

Mira por dónde, la frase era de Frida. Pero es que también es suya esta, en la que sí creo:

“Y tú bien sabes que el atractivo sexual en las mujeres se acaba voladamente, y después no les queda más lo que tengan en su cabezota para poderse defender en esta cochina vida del carajo”.

Es eso.
“Hay algunos que nacen con estrella y otros estrellados, y aunque tú no lo quieras creer, yo soy de las estrelladísimas…” - See more at: http://culturacolectiva.com/25-frases-de-frida-kahlo-que-te-inspiraran/#sthash.CYdQnl7m.dpuf
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Sunday, 1 November 2015

Eusebio

Si tuviera que poner un bichito en mi vida ahora mismo, sería este. No sé qué es, pero veo en sus ojitos que se llama Eusebio, que le gusta el dulce de ciruelas y que huele a bosque de castaños después de la lluvia.


Saturday, 24 October 2015

El alfabeto de Morkel


Hace un par de noches le he leído este maravilloso cuento a mi hijo, y me he quedado tan enamorada de él que decidí traducirlo al español, como hago siempre cuando algo me gusta mucho, no porque piense que en español suenen más bonitas o mejores las palabras, sino para que suenen dos veces. Cosas de polillas.

                                     **********


Alguien está dejando palabras sobre el campo. Ana encuentra la primer nota, ensartada en una brizna de heno helada. Cuatro sílabas: Hola.

 Al día siguiente hay otra nota: Las golondrinas se han marchado. 
 Al otro día, aún otra: También los vencejos.
 Ana le da vuelta a la nota y escribe: ¿Quién eres?

 Al regreso de la escuela, apaga la luz de su habitación y mira afuera. Ve una silueta salir de entre los árboles del bosque y caminar despacio sobre el campo. Un muchacho. ¿Es él quien escribe las notas?

A la mañana siguiente, Ana se va a la escuela más temprano de lo acostumbrado. Los cristales de hielo brillan sobre la tierra, y la hierba cruje bajo sus pies. Una nueva nota espera. Moviendo el índice sobre las letras que se alargan y se curvan, Ana lee: Morkel. 

Morkel, murmura Ana. El Morkel que nunca está en clase, ¿es el que se esconde en el bosque?

Te he visto, escribe Ana en el reverso de la nota, y vuelve a dejarla en su lugar.



Antes de dormir, Ana piensa en Morkel. Las notas que él escribe, ¿son sólo para ella? ¿Habrá mañana otra palabra allí, esperándola? ¿Una palabra para gritarla, o para susurrarla dentro del pecho, o quizás para llevarla escondida en la punta del zapato?

Mañana, dice Ana. O pasado mañana.

Las notas de Morkel van a parar al lugar más secreto, debajo del colchón. Durante la noche, Ana sueña que las palabras son pájaros, y el campo una hoja de papel enorme, que puede doblarse.

La nieve fresca es para dejar huellas. Ana encuentra las huellas de Morkel sobre los surcos y las sigue hasta el lindero del bosque. La luz blanca del cielo dibuja rayas en los pinos. Ana alza los ojos, y se pregunta qué es de la blancura cuando los copos de nieve se derriten y dejan pequeñas gotas de agua sobre su piel.

Ana se detiene y escucha. Luego sigue las huellas que se adentran en el bosque.

"Te escuché venir desde hace mucho. Una manada de elefantes no haría tanto ruido", dice una voz desde las alturas. "¿Has venido sola?"

Ana mira hacia arriba, asustada. Incluso en medio del bosque invernal es difícil distinguir la cabaña. Un escondrijo. Cuando regrese el follaje, será imposible descubrirla. Una soga cae, y Ana sube por ella.

En la corteza del árbol hay grabadas palabras, sílabas y dibujos. Tiene que haberle tomado mucho tiempo, piensa Ana. Y a ella le gustan las cosas que toman tiempo. Con sus dedos, sigue el relieve de las palabras sobre el árbol.


"¿Coleccionas palabras?", pregunta Ana.
Morkel asiente.

"Búfalo. Velas. Botella.", dice Ana. "Ahí tienes."
Morkel sonríe.

"¿Qué sabes hacer?", pregunta Ana al día siguiente.
"Nada", responde Morkel.
"¿Y qué más?", pregunta Ana.
Morkel se queda pensando.

"Sé dónde tienen el águila su nido, y dónde aterrizarán las motacillas cuando regresen, en la primavera. Son siempre las primeras. Los pájaros que vuelan rápido acaparan los mejores lugares para anidar."
"Me pregunto en qué dirección sienten los pájaros que está su casa," dice Ana.

"¿Escuchas ese martilleo? Es el pájaro carpintero. Comenzó ayer. Durante el invierno come hormigas del tronco. ¿Y ese arrullo? Son palomas, que suenan como viejas señoras en un café." Ana se ríe. También Morkel.

"Tengo que irme", dice Ana. "¿Vamos juntos mañana a la escuela?"
Morkel niega con la cabeza.
"Entonces te encuentro aquí", sonríe Ana, y salta desde las ramas.


Ana corre todo el camino. "¡M!", grita al viento, tan alto como puede. Sus pasos hacen crujir el hielo sobre el lago. "¡O!" Sobre ella, los cables eléctricos tiritan. Ana se lleva una mano al pecho y cuenta los latidos de su corazón. "¡R!" Sigue las huellas de las liebres hasta el bosque de hayas, pasa por el cementerio. "¡K!" El último tramo lo hace caminando de espaldas. Se detiene a observar el campo, y piensa que el invernadero parece una nave espacial. "¡E!" Sube las escaleras al vuelo y entra en la casa, pasando de largo por zapatos del padre en el rellano, y va a la cocina. Allí bebe un vaso de leche, tan rápido que siente agujetas detrás de los ojos, mientras se pregunta qué tipo de pájaro será su amigo. "¡L!", dice bajito, para que nadie más lo tenga.



Las tardes en la cabaña son tan buenas. Las mejillas se enrojecen bajo el viento, las narices se contraen. Los cristales de hielo brilla n en los árboles. Algunos días todo el bosque brilla: la llama azul de la hornilla, todos los colores en las pupilas de Morkel, y la línea de luz que Ana ve al cerrar los ojos.

Todo es más, cuando está con Morkel.

"Alfabeto, abeja, antojo, abuela, Ana", susurra Morkel.
"Morkel, mono, molino, manzana", sonríe Ana.




"No me creo lo que dicen de tu padre. ¿Qué hace falta para ser un ladrón?", dice Ana.
"Casi nada", responde Morkel.

Morkel enciende la hornilla. "No debes creer todo lo que escuchas. El estornino suele imitar otros sonidos: los he oído ladrar como un perro, y llorar como un bebé."

"Mira, una bandada de ganzos", dice Morkel. "Son los últimos en irse. Me pregunto cómo encuentran el camino, sin un mapa."
"¿Ves la vocal que forman?" pregunta Ana. "¿U, o V?"
"V", responde Morkel, y toma aliento: "Vil, violento, vulgar, vacío ."

"Cuéntame más sobre los pájaros", pide Ana.
"Los pájaros, entre los huesos, tienen aire", dice Morkel. "Y ¿sabes por qué tienen las golondrinas la cola separada?"



"¿R o S?", dice Ana al otro día.
"S", responde Morkel.

"Sueño, surco, suave, sentido, Sur."
El hombro de Ana roza el hombro de Morkel. Lo siente respirar.

Todos tienen su propio alfabeto, piensa Ana.
Descifrar cada letra es lo difícil.

"¿Ves el zorro?", susurra Morkel.
"El zorro es un perro que se comporta como un gato."




Al otro día la cabaña está vacía.
Ana se asusta por todo. Hoy llora. Comprende que Morkel se ha ido.

Las paredes y el piso de la cabaña son sólo tablas.
Las sombras son sólo sombras.
Las nubes, sólo nubes.

Nada parece otra cosa, ahora.
Ana es sólo Ama, y eso no es mucho.


En las noches, no se puede dormir. Ana de desliza fuera de la ventana y corre hacia el bosque atravesando los surcos. Pero Morkel no está en la noche, tampoco.

Cada mañana busca Ana las notas sobre el campo. Pero no hay palabras esperándola, cada mañana.

Ana trata de olvidar a Morkel. Cada día que cada noche hace un esfuerzo para olvidar un pedacito de él. La bufanda, el gorro, los dedos, los ojos, el lunar en su mejilla, y los mínimos, suaves vellos de la nuca.
Pero cuando por fin se duerme, todo Morkel regresa, en el sueño.



Una mañana, mientras los sueños están aún en la habitación, Ana despierta con el trino de un pájaro afuera. Sólo los mirlos pueden cantar así. El viento hace ondular las verdes espigas sobre la tierra. Es Abril, y Ana sabe lo que debe hacer.



Ana espera una respuesta.

Un día,


dos días,


tres días.



Al fin, una nota aparece, bajo una piedra, en mitad del campo. Ana la desdobla. Es fácil reconocer las sílabas.

Ana abandona la mochila y corre tan rápido como puede. Piensa en las palabras de Morkel mientras sigue con el índice las líneas del mapa, hasta llegar a la cruz en azul.

Ahí está Morkel.

"¡Hola!", dice Ana.
"Shhh", susurra Morkel. "¿Las ves?"




Texto: Stian Hole
Ilustración:Stian Hole


Thursday, 22 October 2015

Hojas

Las palabras de hoy son punzó, escarpines, marmita, imprecación  y bisoña. Pero además eapparash, que en lengua de indios lapones describe el sonido que hacen los espíritus cuando se mueven entre los vivos. 

Se acerca un tiempo de conejos.



Sunday, 18 October 2015

Sweet bird of paradox

"Yo amo a los Estados Unidos; jamás me iré de aquí. Nunca volveré a vivir en una isla. ¡Y menos en la Isla de Juana!"

Y he recordado la sonrisa en los ojos de mi papá, aquella vez que su primer esposa, en medio de una conversación aparentemente cordial cuarenta años después del divorcio, le espetó que a ella le habría encantado tener más hijos, pero de ninguna manera con él.

Y por carambola he recordado también, de un par de amiguillas de infancia, cómo la una montaba en cólera en cuanto el juego no marchaba a su antojo y gritaba: "¡Pues me voy!", roja de indignación, y el modo en que la otra respondía con su tono dulce, impasible, sin levantar siquiera la vista de la cena con pétalos de mirto que estaba preparando: "Sí, váyase al carajo..."

Thursday, 15 October 2015

Y también viceversa

 Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay
días también, hay horas, en que no te conozco, en que me
eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres,
me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no
piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría
quererte menos que yo, amor mío?


Jaime Sabines


And I tell you with my tongue between your toes
If there's ever anyone else, don't let them do this
And I'll laugh and revel as you scratch and crawl
If there's ever anyone else just show them the ugly mess


Thindersticks



Un retrato más, pero distinto, muy distinto.
Éste está hecho desde una perspectiva muy personal, sobre mi intimidad más querida, que es el momento en que me desnudo y leo. Espero recordar que fui así, que así me vieron, cuando sea muy viejita, y que el recuerdo me alumbre como una luciérnaga con luna propia.
Y espero que lo recuerde él.