“But Paris was a very old city and we were young and nothing was simple there, not even poverty, nor sudden money, nor the moonlight, nor right and wrong nor the breathing of someone who lay beside you in the moonlight.”

E. Hemingway.
"París era una fiesta"


Friday, 28 September 2012

Angeles

Boo

 


Ghost Knigi, Benjamin Sommerhalder

Cibertimbeando

El que tiene amigos tiene un central y hasta una pachanga que le llega por teléfono pero calentica. ¡En la próxima voy o le quito el nombre a Mariana, que ya estoy harta de gozar sólo en espíritu!





Coopera con el artista cubano aquí y cuéntaselo al vecino.

Thursday, 27 September 2012

Un granito de arroz

Takeo Takei sobre "Pulgarcita", de H C Andersen.


Pero también

"Ya hemos comido, ahora podemos dormir. Ya hemos dormido, ahora podemos comer"
"¡Más rápido, se los ruego!"
"No me sirve usted para esposa."
"Cinco por cinco, venticinco."
"¡No llores! Si lloras, te morderé."
"¿Para qué queremos el sol? ¡Para nada!"
"¿Quien sois, hermosa? Si no me aceptáis, moriré..."

porque de otra forma Mariana no sería ella.

A vuelo de pájaro

La libertad es soltarse la melena y sacudirla con fuerza mientra se grita mentalmente "¡A la mierda el señor arzobispo!". Todo lo demás es mentira de los Xei.


Animalia

Hace unos días veía esto

Thale

y recordaba esto

Animal singular. Armand Rassenfosse 1893

Menos el morbo, claro.

Wednesday, 26 September 2012

They do it over there but we don't do it here


La noto inquieta, pero se lo achaco a la lluvia.

"¿Has visto mi nueva bolsa? -me pregunta al fin. "Es una Mulberry, y me ha costado..." y dice una suma que alborota a los ratones. "¿No es preciosa?"

"¡Chulísima!" -respondo. Y poniendo los ojos grandes examino con una mano flecos y remaches mientras con la otra mantengo lejos a Mariana, que se ha acercado con el plumón de caligrafía y pretende escribir "ESTO ES UN GATO" sobre el cuero.


Cortes

Words do have edges. So do I. 

Anne Carson Eros The Bittersweet (revisited)

A thousand years between

Monday, 24 September 2012

Y Mariana

estrena abalorios. Cartier ni Cartier...


Foto: MamboMuerto

M de más

Y le he dicho a Mariana que no me gustan los zapatos ni la boca entreabierta, pero me ha mirado de malos modos, y yo sé cuando me conviene callarme.



Mirror Mirror

A los que llenan las paredes y hasta el techo de los probadores con espejos de mil tamaños:

Para ver a los demás, vaya y pase. Pero para contemplarse a uno mismo en cueros, con un espejo basta y sobra. Panda de exagerados.



Saturday, 22 September 2012

Blackened

Tiene mi edad y es grande y rubia y nacarada y va vestida de rosa pálido. Charla incesantemente sobre sus niños y su escuela y su marido y el trabajo y las  fiestas navideñas que ya están -¿no es fantástico?- a la vuelta de la esquina y ríe con un gorjeo dulce y ronco que estremece su pecho de paloma. Si le digo que me arden las cuatro medias lunas que me dejó en el muslo, junto a la macha de café, la noticia de la niña que intentaron raptar ayer, me mirará con asombro azul a través del cristal y seguirá hablando, hablará más, volverá a hablar de cualquier cosa que no llegue al rojo.
Mejor así.


Little piece of my (soviet) heart

Me recuerda tanto al pobre y feo muñeco que perdió la carrera...Creo que me he enamorado.

Friday, 21 September 2012

Sin manos

El gobierno noruego acaba de nombrar nuevo ministro de cultura: Hadia Tajik. Joven, mujer y musulmana. Eat your heart, Anders Breivik.


Alicia en las guardarrayas del País de las Maravillas




Un mundo pequeño


Capítulo 4

Tercera historia

¿Muchachas? No; nada de muchachas. Si se trata de hacer un poco de jarana en la hostería, de cantar un rato, siempre dispuesto. Pero nada más. Ya tengo mi novia que me espera todas las tardes junto al tercer poste del telégrafo en el camino de la Fábrica. Tenía yo catorce años y regresaba a casa en bicicleta por ese camino. Un ciruelo asomaba una rama por encima de un pequeño muro y cierta vez me detuve.
Una muchacha venía de los campos con una cesta en la mano y la llamé. Debía tener unos diecinueve años porque era mucho más alta que yo y bien formada.
- ¿Quieres hacerme de escalera? - le dije.
La muchacha dejó la cesta y yo me trepé sobre sus hombros. La rama estaba cargada de ciruelas amarillas y llené de ellas la camisa.
- Extiende el delantal, que vamos a medias - dije a la muchacha.
Ella contestó que no valía la pena.
- ¿No te agradan las ciruelas? - pregunté.
- Sí, pero yo puedo arrancarlas cuando quiero. La planta es mía: yo vivo allí - me dijo.
Yo tenía entonces catorce años y llevaba los pantalones cortos, pero trabajaba de peón de albañil y no tenía miedo a nadie. Ella era mucho más alta que yo y formada como una mujer.
- Tú tomas el pelo a la gente - exclamé mirándola enojado; pero yo soy capaz de romperte la cara, larguirucha.
No dijo palabra.
La encontré dos tardes después siempre en el camino.
- ¡Adiós, larguirucha! - le grité. Luego le hice una fea mueca con la boca. Ahora no podría hacerla, pero entonces las hacía mejor que el capataz, que ha aprendido en Nápoles. La encontré otras veces, pero ya no le dije nada. Finalmente una tarde perdí la paciencia, salté de la bicicleta y le atajé el paso.
- ¿Se podría saber por qué me miras así? - le pregunté echándome a un lado la visera de la gorra. La muchacha abrió dos ojos claros como el agua, dos ojos como jamás había visto.
- Yo no te miro - contestó tímidamente. Subí a mi bicicleta.
- ¡Cuídate, larguirucha! - le grité. Yo no bromeo.
Una semana después la vi de lejos, que iba caminando acompañada por un mozo, y me dio una tremenda rabia. Me alcé en pie sobre los pedales y empecé a correr como un condenado. A dos metros del muchacho viré y al pasarle cerca le di un empujón y lo dejé en el suelo aplastado como una cáscara de higo.
Oí que de atrás me gritaba hijo de mala mujer y entonces desmonté y apoyé la bicicleta en un poste telegráfico cerca de un montón de grava. Vi que corría a mi encuentro como un condenado: era un mozo de unos veinte años, y de un puñetazo me habría descalabrado. Pero yo trabajaba de peón de albañil y no tenía miedo a nadie. Cuando lo tuve a tiro le disparé una pedrada que le dio justo en la cara.
Mi padre era un mecánico extraordinario y cuando tenía una llave inglesa en la mano hacía escapar a un pueblo entero; pero también mi padre, si veía que yo conseguía levantar una piedra, daba media vuelta y para pegarme esperaba que me durmiese. ¡Y era mi padre! ¡Imagínense ese bobo! Le llené la cara de sangre, y luego, cuando me dio la gana, salté en mi bicicleta y me marché.
Dos tardes anduve dando rodeos, hasta que la tercera volví por el camino de la Fábrica y apenas vi a la muchacha, la alcancé y desmonté a la americana, saltando del asiento hacia atrás.
Los muchachos de hoy hacen reír cuando van en bicicleta: guardabarros, campanillas, frenos, faroles eléctricos, cambios de velocidad, ¿y después? Yo tenía una Frera cubierta de herrumbre; pero para bajar los dieciséis peldaños de la plaza jamás desmontaba: tomaba el manubrio a lo Gerbi y volaba hacia abajo como un rayo.
Desmonté y me encontré frente a la muchacha. Yo llevaba la cesta colgada del manubrio y saqué una piquetilla.
- Si te vuelvo a encontrar con otro, te parto la cabeza a ti y a él - dije.
La muchacha me miró con aquellos sus ojos malditos, claros como el agua.
- ¿Por qué hablas así? - me preguntó en voz baja.
Yo no lo sabía, pero ¿qué importa?
- Porque sí - contesté. Tú debes ir de paseo sola o si no, conmigo.
- Yo tengo diecinueve años y tú catorce cuando más - dijo. Si al menos tuvieras dieciocho, ya sería otra cosa. Ahora soy una mujer y tú eres un muchacho.
- Pues espera a que yo tenga dieciocho años - grité. Y cuidado con verte en compañía de alguno, porque entonces estás frita.
Yo era entonces peón de albañil y no tenía miedo de nada: cuando sentía hablar de mujeres, me mandaba a mudar. Se me importaban un pito las mujeres, pero ésa no debía hacer la estúpida con los demás.
Vi a la muchacha durante casi cuatro años todas las tardes, menos los domingos. Estaba siempre allí, apoyada en el tercer poste del telégrafo, en el camino de la Fábrica. Si llovía tenía su buen paraguas abierto. No me paré ni una sola vez.
- Adiós - le decía al pasar.
- Adiós - me contestaba.
El día que cumplí los dieciocho años desmonté de la bicicleta.
- Tengo dieciocho años - le dije. Ahora puedes salir de paseo conmigo. Si te haces la estúpida, te rompo la cabeza.
Ella tenía entonces veintitrés y se había hecho una mujer completa. Pero tenía siempre los mismos ojos claros como el agua y hablaba siempre en voz baja, como antes.
- Tú tienes dieciocho años -me contestó, pero yo tengo veintitrés. Los muchachos me tomarían a pedradas si me viesen ir en compañía de uno tan joven.
Dejé caer la bicicleta al suelo, recogí un guijarro chato y le dije:
- ¿Ves aquel aislador, el primero del tercer poste?
Con la cabeza me hizo seña que sí.
Le apunté al centro y quedó solamente el gancho de hierro, desnudo como un gusano.
- Los muchachos - exclamé, antes de tomarnos a pedradas deberán saber trabajar así.
- Decía por decir - explicó la muchacha. No está bien que una mujer vaya de paseo con un menor. ¡Si al menos hubieses hecho el servicio militar!. Ladeé a la izquierda la visera de la gorra.
- ¿Querida mía, por casualidad me has tomado por un tonto? Cuando haya hecho el servicio militar, yo tendré veintiún años y tú tendrás veintiséis, y entonces empezarás de nuevo la historia.
- No - contestó la muchacha - entre dieciocho años y veintitrés es una cosa y entre veintiuno y veintiséis es otra. Más se vive, menos cuentan las diferencias de edades. Que un hombre tenga veintiuno o veintiséis es lo mismo.
Me parecía un razonamiento justo, pero yo no era tipo que se dejase llevar de la nariz.
- En ese caso volveremos a hablar cuando haya hecho el servicio militar - dije saltando en la bicicleta. Pero mira que si cuando vuelvo no te encuentro, vengo a romperte la cabeza aunque sea bajo la cama de tu padre.
Todas las tardes la veía parada junto al tercer poste de la luz; pero yo nunca descendí. Le daba las buenas tardes y ella me contestaba buenas tardes. Cuando me llamaron a las filas, le grité:
- Mañana parto para la conscripción.
- Hasta la vista - contestó la muchacha.
- Ahora no es el caso de recordar toda mi vida militar. Soporté dieciocho meses de fajina y en el regimiento no cambié. Habré hecho tres meses de ejercicios; puede decirse que todas las tardes me mandaban arrestado o estaba preso.
Apenas pasaron los dieciocho meses me devolvieron a casa. Llegué al atardecer y sin vestirme de civil, salté en la bicicleta y me dirigí al camino de la Fábrica. Si ésa me salía de nuevo con historias, la mataba a golpes con la bicicleta.
Lentamente empezaba a caer la noche y yo corría como un rayo pensando dónde diablos la encontraría. Pero no tuve que buscarla: la muchacha estaba allí, esperándome puntualmente bajo el tercer poste del telégrafo. Era tal cual la había dejado y los ojos eran los mismos, idénticos.
Desmonté delante de ella.
- Concluí - le dije, enseñándole la papeleta de licenciamiento. La Italia sentada quiere decir licencia sin término. Cuando Italia está de pie significa licencia provisoria.
- Es muy linda - contestó la muchacha.
- Yo había corrido como un alma que lleva el diablo y tenía la garganta seca.
- ¿Podría tomar un par de aquellas ciruelas amarillas de la otra vez? - pregunté.
La muchacha suspiró.
- Lo siento, pero el árbol se quemó.
- ¿Se quemó? - dije con asombro. ¿De cuando aquí los ciruelos se queman?
- Hace seis meses - contestó la muchacha. Una noche prendió el fuego en el pajar y la casa se incendió y todas las plantas del huerto ardieron como fósforos.
Todo se ha quemado. Al cabo de dos horas sólo quedaban las puertas. ¿Las ves?
Miré al fondo y vi un trozo de muro negro, con una ventana que se abría sobre el cielo rojo.
- ¿Y tú? - le pregunté.
- También yo - dijo con un suspiro; también yo como todo lo demás. Un montoncito de cenizas y sanseacabó.
Miré a la muchacha que estaba apoyada en el poste del telégrafo; la miré fijamente, y a través de su cara y de su cuerpo, vi las vetas de la madera del poste y las hierbas de la zanja. Le puse un dedo sobre la frente y toqué el palo del telégrafo.
- ¿Te hice daño? - pregunté.
- Ninguno.
Quedamos un rato en silencio, mientras el cielo se tornaba de un rojo cada vez más oscuro.
- ¿Y entonces? - dije finalmente.
- Te he esperado - suspiró la muchacha - para hacerte ver que la culpa no es mía. ¿Puedo irme ahora?
Yo tenía entonces veintiún años y era un tipo como para llamar la atención. Las muchachas cuando me veían pasar sacaban afuera el pecho como si se encontrasen en la revista del general y me miraban hasta perderme de vista a la distancia.
- Entonces - repitió la muchacha, ¿puedo irme?
- No - le contesté. -Tú debes esperarme hasta que yo haya terminado este otro servicio. De mí no te ríes, querida mía.
- Está bien - dijo la muchacha. Y me pareció que sonreía.
Pero estas estupideces no son de mi gusto y enseguida me alejé.
Han corrido doce años y todas las tardes nos vemos. Yo paso sin desmontar siquiera de la bicicleta.
- Adiós.
- Adiós.
- ¿Comprenden ustedes? Si se trata de cantar a poco en la hostería, de hacer un poco de jarana, siempre dispuesto. Pero nada más. Yo tengo mi novia que me espera todas las tardes junto al tercer poste del telégrafo sobre el camino de la Fábrica.

Giovanni Guareschi 

El pequeño mundo de Don Camillo

Monday, 17 September 2012

Escarabeo


And when at last I find you
Your song will fill the air
Sing it loud so I can hear you
Make it easy to be near you
For the things you do endear you to me
Oh, you know I will
I will


Dos reales para ensalada

Hoy he soñado con mi abuelo. Estaba sentado en uno de los balances del portal, meciéndose y cantando "La calle ancha de San Fernando", una de las rimas que le enseñó la abuelita Tina.

En las calles anchas
de San Fernando
hay una fuente
con doce caños.
Es aquella fuente
del agua hermosa
para las niñas
de Zaragoza.
Y en Zaragoza
ha sucedido
la Torre Nueva
que se ha caído.
Si se ha caído
que la levanten,
dinero tienen
los estudiantes.
Los estudiantes
no tienen nada,
tienen dos reales
para ensalada.
Si la ensalada
fuera de dulces
la comerían
los andaluces.
Los andaluces
de Andalucía
riegan las rosas
de Alejandría.

Y es bueno saber que, por más que sople el viento afuera, siempre tendré esta manta de buenos recuerdos para cubrirme.

Abuelo Lorenzo cargando a una Mariana monoañera. Febrero 22. 1980

Sunday, 16 September 2012

Fear

Fear of seeing a police car pull into the drive.
Fear of falling asleep at night.
Fear of not falling asleep. 
Fear of the past rising up. 
Fear of the present taking flight. 
Fear of the telephone that rings in the dead of night. 
Fear of electrical storms. 
Fear of the cleaning woman who has a spot on her cheek!
Fear of dogs I've been told won't bite. 
Fear of anxiety! 
Fear of having to identify the body of a dead friend. 
Fear of running out of money. 
Fear of having too much, though people will not believe this. 
Fear of psychological profiles. 
Fear of being late and fear of arriving before anyone else.
Fear of my children's handwriting on envelopes. 
Fear they'll die before I do, and I'll feel guilty. 
Fear of having to live with my mother in her old age, and mine.
Fear of confusion. Fear this day will end on an unhappy note. 
Fear of waking up to find you gone.
Fear of not loving and fear of not loving enough. 
Fear that what I love will prove lethal to those I love. 
Fear of death. 
Fear of living too long. 
Fear of death. 

I've said that.

Raymond Carver

Saturday, 15 September 2012

Unperfect Day


Out of the blue

Plantado delante de mi, ladeando la cabeza como para apreciar mejor. "Hoy no", digo, y cierro las piernas. Trato de explicar, pero sé que no le gusta Dylan. Dejo que se vaya sin mirarme.

Y es sábado otra vez, Misumisu.


Friday, 14 September 2012

Barbabello

Esto me lo he robado de aquí. Y no tengo idea de quien es el señor, pero lo pongo como testimonio de que el Espíritu Santo se mueve entre nosotros.

Wow.


Thursday, 13 September 2012

Tuesday, 11 September 2012

Desastres de los que no me he recuperado del todo. Parte 1



Que alguien me explique la necesidad que había de jorobar tan y tanto algo perfecto.

Santa Liliana, ora pro nobis

"Fifty Shades of Grey ha revolucionado el panorama sexual de América y Europa Occidental, haciendo luz sobre temas como el sadomasoquismo y la dominación."
"Millones de mujeres descubren secretos inimaginables con las páginas de la triología."

"Handcuffs es un film hecho por una mujer y para las mujeres; una nueva aproximación al porno, más inteligente y sensible."

El mundo, Mariana, se ha llenado de catorceañeras. Hemos de buscar nuevos pastos, cuanto más rápido mejor. Baja y dile al portero.







Monday, 10 September 2012

Miquito

Y no la necesitamos, pero si la necesitáramos, es lunes. ¿Qué mejor razón que esa?


Deux ex machina, revisited

Hace un tín más de dos años escribí esto. Hoy me toca capitular y sonreír, porque los buenos generales han de saber perder con gracia.

Un iBook no tiene más olor, textura o encanto que cualquier otro tareco de su generación, pero en cambio le permite a un cristiano llevar en la bolsa toda la obra del Gabo sin que se le canse siquiera el hombro, y ante eso cualquier polilla ha de rendirse.

No hay dudas, la técnica es la técnica y sin técnica no hay técnica. Y mientras yo, creo que he encontrado el sexto dedo que me faltaba.




Friday, 7 September 2012

RARO

Me ha contado Mariana que, según Freud, el abuso de las mayúsculas en el adulto joven es un signo inequívoco de complejo de castración.

 Ya sabía yo...

Thursday, 6 September 2012

Maladies

El primer resfriado de la temporada acaba de hacer su entrada triunfal. Por tanto, a partir de hoy y hasta que Dios quiera, me voy con Eddie, el Gabo y Neil para este lugarcito. Si alguien me necesita durante ese tiempo, mande recado con el lucio.


Milfno

Una maestra noruega de veintinueve años acaba de ser condenada a seis meses de prisión por haber tenido relaciones sexuales con un chico de diecisiete, que en el momento era su alumno, durante un excursión. Además, ha de indemnizar al muchacho con 35 000 coronas -5000 euros, aproximadamente-.

Estas cosas me hacen sentir vieja y ajena. En mis tiempos, un mocoso de  diecisiete años hubiera dado dos dedos de la meno derecha por acostarse con cualquier cosa que pasara de los veinte y no fuera su madre.

Sic transit gloria mundi.



Wednesday, 5 September 2012

Tuesday, 4 September 2012

Lluvia de Septiembre

Un cuento,

una imagen


y una canción.



Compensaciones. Cogidas por el pelo y sujetas con alfileres, pero compensaciones al fin.

Ni los más altos pájaros de la memoria

La suposición de que Remedios, la bella, poseía poderes de muerte, estaba entonces sustentada por cuatro hechos irrebatibles. Aunque algunos hombres ligeros de palabra se complacían en decir que bien valía sacrificar la vida por una noche de amor con tan conturbadora mujer, la verdad fue que ninguno hizo esfuerzos por conseguirlo. Tal vez, no sólo para rendirla sino también para conjurar sus peligros, habría bastado con un sentimiento tan primitivo, y simple como el amor, pero eso fue lo único que no se le ocurrió a nadie. Úrsula no volvió a ocuparse de ella. En otra época, cuando todavía no renunciaba al propósito de salvarla para el mundo, procuró que se interesara por los asuntos elementales de la casa. "Los hombres piden más de lo que tú crees", le decía enigmáticamente. "Hay mucho que cocinar, mucho que barrer, mucho que sufrir por pequeñeces, además de lo que crees." En el fondo se engañaba a sí misma tratando de adiestrarla para la felicidad doméstica, porque estaba convencida de que, una vez satisfecha la pasión, no había un hombre sobre la tierra capaz de soportar así fuera por un día una negligencia que estaba más allá de toda comprensión. El nacimiento del último José Arcadio, y su inquebrantable voluntad de educarlo para Papa, terminaron por hacerla desistir de sus preocupaciones por la bisnieta. La abandonó a su suerte, confiando que tarde o temprano ocurriera un milagro, y que en este mundo donde había de todo hubiera también un hombre con suficiente cachaza para cargar con ella. Ya desde mucho antes, Amaranta había renunciado a toda tentativa de convertirla en una mujer útil. Desde las tardes olvidadas del costurero, cuando la sobrina apenas se interesaba por darle vuelta a la manivela de la máquina de coser, llegó a la conclusión simple de que era boba. "Vamos a tener que rifarte", le decía, perpleja ante su impermeabilidad a la palabra de los hombres. Más tarde, cuando Úrsula se empeñó en que Remedios, la bella, asistiera a misa con la cara cubierta con una mantilla, Amaranta pensó que aquel recurso misterioso resultaría tan provocador, que muy pronto habría un hombre lo bastante intrigado como para buscar con paciencia el punto débil de su corazón. Pero cuando vio la forma insensata en que despreció a un pretendiente que por muchos motivos era más apetecible que un príncipe, renunció a toda esperanza. Fernanda no hizo siquiera la tentativa de comprenderla. Cuando vio a Remedios, la bella, vestida de reina en el carnaval sangriento, pensó que era una criatura extraordinaria. Pero cuando la vio comiendo con las manos, incapaz de dar una respuesta que no fuera un prodigio de simplicidad, lo único que lamentó fue que los bobos de familia tuvieran una vida tan larga. A pesar de que el coronel Aureliano Buendía seguía creyendo y repitiendo que Remedios, la bella, era en realidad el ser más lúcido que había conocido jamás, y que lo demostraba a cada momento con su asombrosa habilidad para burlarse de todos, la abandonaron a la buena de Dios. Remedios, la bella, se quedó vagando por el desierto de la soledad, sin cruces a cuestas, madurándose en sus sueños sin pesadillas, en sus baños interminables, en sus comidas sin horarios, en sus hondos y prolongados silencios sin recuerdos, hasta una tarde de marzo en que Fernanda quiso doblar en el jardín sus sábanas de bramante, y pidió ayuda a las mujeres de la casa. Apenas había empezado, cuando Amaranta advirtió que Remedios, la bella, estaba transparentada por una palidez intensa.

-¿Te sientes mal? -le preguntó.

Remedios, la bella, que tenía agarrada la sábana por el otro extremo, hizo una sonrisa de lástima.

-Al contrario -dijo-, nunca me he sentido mejor.

Acabó de decirlo, cuando Fernanda sintió que un delicado viento de luz le arrancó las sábanas de las manos y las desplegó en toda su amplitud. Amaranta sintió un temblor misterioso en los encajes de sus pollerones y trató de agarrarse de la sábana para no caer, en el instante en que Remedios, la bella, empezaba a elevarse. Úrsula, ya casi ciega, fue la única que tuvo serenidad para identificar la naturaleza de aquel viento irreparable, y dejó las sábanas a merced de la luz, viendo a Remedios, la bella, que le decía adiós con la mano, entre el deslumbrante aleteo de las sábanas que subían con ella, que abandonaban con ella el aire de los escarabajos y las dalias, y pasaban con ella a través del aire donde terminaban las cuatro de la tarde, y se perdieron con ella para siempre en los altos aires donde no podían alcanzarla ni los más altos pájaros de la memoria.

Die Polizei


We know who you are.
We know eveytzing about you,
and we know where you live,
and we know where you live.




Monday, 3 September 2012

Rags And Old Iron

So I asked that old rag man how much he would pay 
For a heart that was broken, baby, when you went away.
For a burnt out old love light that no longer beams 
And a couple of slightly used second hand dreams.
 Rags and old iron, rags and old iron.
All he was buying was just rags and old iron.


 

De la República hijos

Yo creo que, más que cualquier otra cosa, lo que los republicanos le reprochan a Obama es haberles aguado la fiesta, y es comprensible.

Estuvieron ocho años con un presidente que leía al revés, salía por puertas cerradas, se sentía envisubestimado, dejaba caer cachorros, escupía en el césped, le mostraba el dedo a la prensa y en fin, existía, para después pasar a otro con cerebro. Es como si dijéramos pasar de ver "El Barrendero", a ver "Life of Brian"; cualquiera resentiría el cambio.

Y ahora el mulato del milenio pretende quitarles la oportunidad gloriosa de retornar a la inocencia con un circo mormón. No hay derecho, señores.


Sunday, 2 September 2012

Where the grass is green and the girls are pretty


Esta va para el taxista que, después de tres días de reguetón o Chan-Chan, tuvo la genial idea de ponerla en su auto mientras me llevaba de la Habana Vieja a Miramar.

"Gracias mil", le dije. "Es un alivio."
"No faltaría más. We ARE in Paradise City after all", me contestó en un inglés campechano.

Ambos sabíamos que no era cierto pero, qué caray, por una vez Alicia.


And the ass saw the angel II

Terminando la semana del mismo modo en que la comenzamos, por aquello de no faltar.


Grungetoño