“But Paris was a very old city and we were young and nothing was simple there, not even poverty, nor sudden money, nor the moonlight, nor right and wrong nor the breathing of someone who lay beside you in the moonlight.”

E. Hemingway.
"París era una fiesta"


Thursday, 6 September 2018

Del mar que cantaba sólo para mí

El mar es mi segundo gran amor. No hay nada que me haga sonreír más, ni me consuele más, no me responda más cuando necesito pensar en voz alta. O sí, pero ya no. El mar es lo único que he amado sin que me haga daño. Es lo único a lo que he amado sin hacerle daño.

Así pues, Yemayá reina, madre mía, terca y orgullosa como yo, y como yo capaz de dejarse la piel en el intento de ser eterna antes de rendirse, maferefún. Que se sigan abriendo las aguas de mi corazon, a pesar de los naufragios,  y que el mar esté ahí el día que me dé por morirme sin decir a dónde.

Puntos

Dí que la madrugada es de lluvia sobre La Habana,
que el malecón habla en sueños,
que Silvio está otra vez cantándole al fantasma de alguien,
que la ciudad se cae, se cae, se cae
que todo huele a las gardenias que te regaló una negra buena diciendo que te pareces
a Cachita
y que hablarás más del cosmos otro día,
porque ahora la única estrella que cuenta
-oscura, húmeda, palpitante-
está en tu mano izquierda,
mientras la derecha se apoya
en el cristal de esta ventana enorme
que refleja lo mal que le quedan
a Kurt Cobain tus pezones.

Sunday, 2 September 2018

Strange fruit

La voz de Buika, negra también pero no brillante sino hecha pedazos, como la mía cuando no canto; una voz de cigarra al fin del verano. Me sorprende cuando pensaba que lo había escuchado todo; ahora no podré decir "un puto bolero de Lucho Gatica": esta mujer sabe mejor lo que es escoger lo que se ama y dejar que te mate.





Wednesday, 15 August 2018

Aguas


Los zapatos cómodos, las bragas mínimas.
La voz de Billie Holiday.
El olor a terpentina en los dedos.
Hemingway, el vino tinto, los gatos mansos.
Un jabón que huele a tu papá.
Un balance.
Una buhardilla.
El olor de la bahía cuando entras a La Habana.
El trueno de las tres de la tarde.
Las risas de tus hermanos.
Las manos grandes.
Tu mamá, entre helechos, de mañana.
El viento. Los sauces. El viento en los sauces.
Hacer el amor hasta que duela.
Una camisa de flanela.
Las medias de lana cruda.
Los recuerdos buenos que otros tienen de ti.
Las cicatrices.
La lluvia.
Un hijo que ya no tiene fiebre.
El olor a lavanda en la almohada.
Una canción que te gusta, en la radio.
Las películas francesas.
Las berenjenas.
Mirarte al espejo y parecerte a la tía Teresa.
Tu ciudad, cuando cae la tarde.
El mar. El mar. El mar.

Para todo lo demás, si tienes mala suerte, está MasterCard.

Tuesday, 14 August 2018

Ni un ya no estás

Leo a Boris decir que ha muerto Alberto Tosca. Esta siempre será, en la voz negra y brillante de Xiomara, de todas las suyas, la más mía.


Payasos y negras carnavalitas

Tradicionalmente, los carnavales en mi pueblo comenzaban el 26 de Julio, día de San Joaquín. Celeste, la loca, esperaba la fecha con toda la alegría de su buen y  disparatado corazón; dos cosas prefería en el mundo: embadurnarse de mercuro cromo a la más mínima insinuación del pellejo, y bailar con el órgano en los sanjoaquines.

Para mí, en cambio, fueron siempre algo para coger con la punta de los dedos, a la distancia del brazo. Me molestaba el gentío: la turba solferina que deambulaba por el Paseo de la Marina, como zombies detrás de aquella cerveza que corría luego, calle abajo, en forma de orines rancios que volvían irrespirable el aire del mar. Me disgustaban las manos, aprovechando el tumulto para tocar impunemente; la música ensordecedora; los estribillos vulgares de las congas; las broncas sangrientas que estallaban de pronto en cualquier lugar me horrorizan aún hoy.

La última vez que vi, de pasada, un carnaval, las cosas eran aún peores de lo que recordaba: bajo el sol inclemente, una montonera de hombres jóvenes, de raza incierta, semidesnudos y hoscos, ejecutaba algo que di en llamar "areito hardcore", mientras desde los balcones les arrojaban baldes de agua. Detrás, la turba, harapienta a pedazos, a pedazos vestida como para el circo según la moda venezolana, aplaudía. Recuerdo que le comenté a una amiga que entonces sí debería habernos visto Joséphine Baker, y ella me respondió con la sonrisa más triste que le he conocido.

Dos recuerdos agradables tengo, empero, asociados al carnaval. El uno son los ojos verdes y luminosos de Tony, que me llamaba Vanesilla, y me compraba cucuruchos de todo, y se reía, se reía, viendo a mi tía taparme los oídos  cuando la conga le coreaba a Liberato  barbaridades sobre el destino de Tojosa.

Y otro, también ojiverde como la albahaca y lleno de luz propia desde la sombra, como los cuadros de El Greco, pero de ese no hablo porque me gusta mucho, como la aceituna.

Monday, 13 August 2018

Oda a Hettie, la loca

Debes saber que te entiendo, querida. Yo también, si pudiera, le cambiaría el escondite a mi corazón hasta que se me olvidara dónde fue que lo vi por última vez. 

Wednesday, 27 June 2018

M es de soles

"Es como tener frío, y hacerse pis encima para alviarlo", ha dicho ella, muy seria. "O como rasurarte por completo justo antes de bañarte en el mar: parece una buena idea, y lo será durante los segundos en que te sientes tibia y rica y ligera; luego te arrepientes por dos o tres eternidades."

Me he reído de buena gana, porque es la descripción más exacta que he escuchado nunca, sobre las segundas oportunidades. Serrat lo dijo más bonito, "no esperes mañana lo que no te dió ayer", pero creo que me quedo con esta versión, un poco bruta, sí, pero tan definitiva como un puñetazo.

Yo alguna vez sabré zurcir, y hacer el amor con el pelo corto, y pasar por el lado de la vitrina sin romperme los pies pero, mientras todo ese conocimiento llega, sigo balanceándome sobre mi intuición, que estira a veces, pero no se rompe.

Hemingway tenía su detector de mierda, y yo estoy por creer que también tengo uno y que funciona así: ¡click!, como un reloj.