“But Paris was a very old city and we were young and nothing was simple there, not even poverty, nor sudden money, nor the moonlight, nor right and wrong nor the breathing of someone who lay beside you in the moonlight.”

E. Hemingway.
"París era una fiesta"


Friday, 30 August 2019

Rock and roll nigger

Ayer leí algo curioso. En un artículo sobre Leonardo Padura alguien lo comparaba, salvando las distancias, con el Gabo: "Escritores que leen las mujeres que cuidan sus libros." Y tuve que sonreír.

Quienes me conocen saben que los libros son mi universo. Así, pues, tengo libros de todo tipo: algunos, como los de mi padre, están tras cristales, de tan sagrados. Otros, como los tomos del Sandman, en exhibición, de tan majestuosos.

Pero hay libros especiales para mí porque los compré en una epoca de mi vida en Cuba en la tenía que escoger entre merendar o comprarlos, y los escogí a ellos, invariablemente. Me los traje de esa otra vida, y cuando me los tropiezo en el librero es como si tropezara conmigo misma, demasiado flaca y demasiado soñadora, persiguiendo pequeñas librerías improvisadas en viejas casonas con olor a murciélagos.
En esa categoría entran mis libros del Gabo.

Están manchados de todo: de café, de vino, de lágrimas, de sangre menstrual. Los he remendado con cinta adhesiva de cualquier tipo; los he rescatado a última hora de aguaceros; los he reclamado con fiereza si alguien remoloneaba al devolvérmelos.

Pierniabiertos, con notas de amor al margen y orejas de gato, lo único más íntimo que ellos son las bragas viejitas en el fondo de la gaveta, las que son ricas para dormir.

Y sí, claro, lo he hecho también con otros, pero sobre todo con el Gabo porque, quizás de tanto leerlo, la voz me da apenas para decir "¿A ver?" en el teléfono, y pensar que se pueden ir al carajo los hombres que pretenden definir a una mujer que lee.

Wednesday, 7 August 2019

Crónicas del sur

Hay un señor muy gordo que insiste en bañarse en el mismo lugarcito. Él está en la playa y no me ve; en cambio yo lo observo desde la terraza, un par de metros más arriba. Así he podido ver que cada vez, al salir del mar, se baja el bañador y se sacude la arena de sus partes pudendas: una perinola de querubín que ni siquiera el calor del mediodía ensancha o alarga.

La primera vez he elevado los ojos al cielo: ¿por qué a mí, Dios de los pobres? Pero vamos por la cuarta, y he de contenerme porque después de quince días tengo la raza en la punta de la lengua, con toda probabilidad de escape: "¡Guárdese eso, que ahí no hay coló!"

Benalmádena, Agosto del corriente

Friday, 24 May 2019

Rather your legs

Esta noche he soñado con Neil Gaiman.

 Estaba sentado en un banco del parque mayor de mi pueblo, bajo uno de aquellos gloriosos árboles de flores rojas que llovían hormiguchas, y yo andaba feliz porque precisamente quería presentarle a mi nuevo amor: un gato estrábico de ojos muy verdes que por supuesto se llamaba Cocuyo.

 Al fin, un sueño posible.


Monday, 20 May 2019

Jesus alone

Todos necesitamos un Dios de las pequeñas cosas, un Jesús personal para cuando el otro tiene preocupaciones mayores que tu corazón; este hombre es el mío.

 Este hombre y su piano, su sarcasmo y su inteligencia, su voz vibrando entre mis piernas. Sobre cada una de sus canciones podría levantar mi iglesia: culpa me sobra para ello.

 De mi muñeca derecha a tu eternidad, Cave mío.


Wednesday, 15 May 2019

Anacoretismos de mar

Airbnb lleva todo el santo día recomendándome que revise su oferta para "La casa del Capitán", en Cadaqués: la casa de mis sueños húmedos.

Enorme, blanca, luminosa, con terrazas íntimas y olivos viejos, abierta de piernas al mar, es el lugar perfecto para pasar la vida y ver llegar la muerte.

 El capitán en cuestión fue mánager de Salvador Dalí, y yo bien lo sabía, y sabía también que de ninguna manera alquilarla podría ser siquiera moderadamente caro, pero como también soy masoquista, allá fui: medio millón de coronas por quince días.

 Y es aquí que digo: Dios mío, aparta de mi este cáliz. O deja que el Maligno, con nocturnidad y alevosía, añada seis ceros al saldo en mi cuenta; total, como anda hoy el mundo nadie va a echar en cuenta que de la noche a la mañana aparezca una hijoputa billonaria más.

No me compraré un avión, te lo prometo. Ni lanzaré mi propia colección de perfumes vulgares. Ni me buscaré un negro chamán para que me moje el chakra. De verdad.


Thursday, 9 May 2019

Oda al tuerto Zanoni

En mi pueblo, donde taxis, guaguas, tranvías, metros y otras excentricidades del transporte resultan obsoletos, los coches tirados por caballos son -al contrario de lo que creen ciertas moscas vocingleras- una necesidad, si quiere uno moverse de un punto A a un punto B en un período de tiempo razonable y sin derretirse bajo la canícula caribe.

Así pues, el tuerto Zanoni es ahora conductor de uno de esos coches; me lo ha contado mi madre ayer, muerta de risa, después de viajar con él. Y me contó también que el tuerto, entre y bache y bache, soltó un discurso, a propósito de unas señoras con pinta y alza de evangélicas, que bajaron del coche:

"¡Ahora todas son cristianas! ¡Bendiciones pa'quí, bendiciones pa'llá! ¡Con lo putas que eran y lo que han s...!" Y aquí, volviéndose contrito hacia mi madre: "¿Usted me entiende, señora?"

"Si, mi'jo", le contestó ella.

"Descarás..."

Yo, por mi parte, acabo de recuperar la fe en el mejoramiento humano: si la luz del entendimiento se ha hecho en una cabezota como la del tuerto Zanoni, puede hacerse en cualquier otra mollera. Le perdono incluso las veces que intentó espiar por debajo de mi saya de uniforme con su dichoso espejito en el zapato.

¡Aleluya!

Wednesday, 24 April 2019

Talking heads

"Si lo piensas bien, ha sido como cuando un niño tiene una ratita", ha dicho Mariana por sobre la copa de Prosecco. "Tarde o temprano la ratita enjevece y muere, o el niño crece, o se rompe la rueda, o todo junto, y se termina el juego."
"Pero es que también hay eso que dicen, ya sabes", le respondo.
"¿Lo de los gusanos y el pomo y la tapa y el cielo?"
"Si."
"Es cierto. Pero tú mejor piensa en la ratita."


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