“But Paris was a very old city and we were young and nothing was simple there, not even poverty, nor sudden money, nor the moonlight, nor right and wrong nor the breathing of someone who lay beside you in the moonlight.”

E. Hemingway.
"París era una fiesta"


Monday, 5 December 2016

¡Casita, no ardas!


Hay libros de los que no se regresa. Hay libros que te instalan para siempre en el corazón un borboteo de lágrimas cuyo ruido sordo supera cualquier lluvia, sobre todo durante la noche, pero también en cualquier momento en que hagas silencio por dentro.

 No sé cuál imagen me hace sufrir más, si la de esa madre que observaba en silencio, sin una lágrima, cómo su casa era consumida por el fuego mientras sus tres hijitas gritaban desconsoladas: "¡Casita, no ardas, no ardas!", o la del niño que corrió a abrazar a la enfermera nazi porque su uniforme blanco era igual al de la madre muerta, sin saber que aquella mujer estaba allí para sacarle sangre a él y decenas de otros pequeños huérfanos, para transfundirla a los soldados alemanes heridos.

Sé que por cada capítulo me es más difícil reconciliarme con la naturaleza humana. Cualquier bestia nos supera, entonces y ahora, y quizás es ése el motivo de nuestra saña para con los animales: la envidia.






Sunday, 4 December 2016

Hasta tu altura

Como cada 4 de Diciembre, mi mundo amanece con olor a rosas rojas, incienso y congrí oriental; pocas cosas me alborotan la cubanía como las fiestas religiosas con que crecí. Hoy toca ron, tabaco y tambor para las caderas. ¡Maferefun, Changó!



Monday, 28 November 2016

Enterrador, no lo llores

A raíz de la muerte del muerto he descubierto algo curioso: tengo casi treinta y ocho años y no me sé siquiera la mitad de las malas palabras que usan hoy los cubanos de ambas orillas como usaba mi abuela la oración a San Luis Beltrán, por todo y para todo. Para civilizarse no tendrán mucha maña pero inventiva para la vulgaridad les sobra, hay que reconocerlo.

Pero, además, veo que los cubanos de Miami, si bien saben gritar como energúmenos, no saben darle a una cazuela como Dios manda. Un amigo, músico y manzanillero, les ha dado allá en solar un consejito de buena fe que reproduzco: señores, cuando les pongan la cámara, recuerden que la clave cubana es pa. pa. pa. un papá. Que dan penita, concho.


Saturday, 26 November 2016

Sins of the father

Se llamaba Zenaida, y sabiamos bien que nos espiaba.

Se llamaba  Zenaida, y le exigía a mi abuela las dalias blancas que cultivaba para nuestros propios muertos, porque el retrato del Ché en su sala las merecía más.

Se llamaba Zenaida, y nos paró a mi hermana y a mí en la calle para preguntar si éramos hijas del general Ochoa, mientras aquel juicio de espanto acontecía cada noche, sólo porque nuestro papá se le parecía físicamente.

Se llamaba Zenaida, y no encontramos un ramalazo de compasión cuando la vimos decaer, adelgazar, consumirse, convertirse en una epecie de fantasma, perdido todo rastro de descaro y sorna, y por último desaparecer, víctima de un cáncer de estómago que no conoció paliativos.

Se llamaba Zenaida, y tuvo una nuera dulce y pequeñita que es mi amiga para abrazar largo.

Se llamaba Zenaida, y tuvo una nieta oscura e inquieta para quien compro y llevo leves vestidos que la hacen feliz.

El odio no ha de dejarse en herencia. Nadie debe heredarlo, nunca. Los pecados del padre, sólo en voz de Tom Waits, si llueve.


Obituario feliz de sábado con luces

Fidel Castro ha muerto.

Este ha sido, para mí, el año de los despertares dolorosos, pero el amanecer de hoy de alguna manera me compensa; de ello pero sobre todo, y por mucho que sea de manera subjetiva y personalísima, de tanto amor perdido, de toda esta separación, esta distancia, este no pertenecer, este morir en cementerios ajenos que arrastramos tantos cubanos. Lo he esperado largo, y aquí está ya por fin.

Sí, me alegro de su muerte. Sí, voy a celebrarla. Soy incapaz de compadecerme de el último suspiro de un déspota que vivió noventa años para disfrutar de su obra: un país arruinado y un pueblo dividido. No creo que haya una vida después de la muerte y siento que precisamente ese es el consuelo para la impunidad; el olvido le espera, como nos espera a todos, y dentro de unos años este hombre, que tuvo bajo su pie a once millones de infelices, no será más que un par de piernas pétreas en las arenas del vasto desierto de la desmemoria: la historia lo absorberá.

No imagino mejor despedida que una guarachita, de esas que me hacen recordar que tengo caderas, y un buen trago de ron. ¡Llévatelo, viento de agua!







Friday, 25 November 2016

Mientras soy canción

Ayer he sabido de un niño que, desde la muerte de su papá, se cree gato. Maúlla mientras monta en su patineta, se sienta en la baranda a ver la lluvia caer y, si lo molestan, bufa. me pregunto qué pensaría de él mi amado Juanito, a orillas del Po.

También he descubierto que lo de in vino veritas no es más que un eufemismo ladino de los romanos para denominar las meteduras de pata después de la segunda copa. El pánico cuando se cae en cuenta de la cagástrofe, en cambio, no parece tener latinajo alguno que lo recoja.

Necesito un azabache,
cascarilla,
el Tragasueños,
pastillitas de violeta
un labio sano
una nube, un mar y un maestro como los de Margarita
y ya.






Monday, 21 November 2016

Vieja historia de lunes oscuro

Los Bonson eran tres: los padres, Chepín y Elena, y la hija, Elenita. Ellos eran el arquetipo por excelencia de los americanos de antes: altos, distinguidos, masones, rubios, con ojos muy azules; ella era boba, con una lengua inusualmente larga que adoraba sacar y una cara redonda y colorada de gorda malcriada hija de viejos.

Mis abuelos eran sus amigos y hermanos de logia. En el pequeño costurero de Elena, custodiada por numerosos santos que observaban desde sus nichos y bebiendo refrescos con olor a verbena, yo recortaba ropas de papel para muñecas de piernas muy largas y nombres de puta, mientras las señoras intercambiaban  chismes y los señores discutían en el porche.

Supimos que se iban como supimos que se iban tantas otras familias amigas por aquellos días insoportables, con una mezcla de alegría y turbación: nos estábamos quedando cada vez más solos. Chepín se lo contó a mi abuelo en el portal, con lagrimones fáciles corriendo por sus mejillas, y le contó también, aunque no hacía falta, la pesadilla de la burocracia, el hostigamiento abierto de las autoridades, la pena de los santos, que se quedaban en la casa de la cual no podrían sacar más que sus pertenencias más íntimas para el viaje. "Si nos quedamos aquí nos morimos de hambre, Lorenzo."-le dijo. "Tengo que pensar en esa niña". Y señaló con su barbilla prominente de irlandés a la hija, tan boba y tan veinteañera y tan amiga de la magia negra. Mi abuelo fue a despedirlos al aeropuerto y regresó sin ganas de cenar: los aviones se habían convertido en enemigos hacía mucho.

A los dos meses de la partida de los Bonson, un primo de Chepín telefoneó desde New Jersey a las autoridades locales para informarles que la herencia de su familia estaba enterrada en el patio de la casona,  justo debajo de la mata de resedad que Mafifa solía podar mientras Elenita lo miraba amorosa; él lo sabía de siempre, pero no había querido contárselo a Chepín por una vieja enemistad.

El tesoro, cientos de monedas de oro oculto en botijas de barro, fue desenterrado un miércoles de diciembre. Hombretones vestidos de verdeolivo cavaron durante horas, observados de cerca por una horda de vecinos curiosos, y metieron las botijas en sacos que cargaron en jeeps militares completamente cerrados. El agujero quedó allí, respirando por la herida, durante muchos años; la familia de negros que se mudó inmediatamente después no se preocupó jamás de cerrarlo, como tampoco de regar los galanes de noche del jardín, de limpiar los ventanales o de engrasar la verja de hierro; era la casa de los gusanos, dejarla caer de olvido y mugre era un deber revolucionario, supongo.

Los Bonson están muertos, como los santos en sus nichos de yeso. Hemingway lo dijo muy claro: "escribe una historia verdadera, sobre algo verdadero que conoces bien". Yo conocí bien esta historia: eran rubios y mansos, y tuvieron un primo cabrón. Es todo.

Wednesday, 16 November 2016

Who loves you with her frozen love

He encontrado hoy, sin buscarla, esta canción de Cohen, que por un puñado de razones es una de esas que siempre llevo detrás de la oreja, como Billie sus gardenias, con imágenes de "La chica sobre el puente", que por un puñado de razones -es aquí que debería decir personales y redundar putamente porque conmigo todo es siempre personal, pegado al hueso; parece que no voy a aprender nunca el arte de las verónicas: me falta gracia, o canallada, o me sobra desgarro, o todo junto- es una de esas películas que llevo siempre prendidas al rabillo del ojo, como Billie las explicaciones que no quería.

Debe ser la luna.


Sunday, 13 November 2016

Ruinas

Estoy cansada de no saber dónde morirme. Esa es la mayor tristeza del emigrado. ¿Qué tenemos nosotros que ver con los cementerios de los países donde vivimos?

¿No comprendéis? Nosotros somos aquellos que miraron sus pensamientos uno por uno durante treinta años. Durante treinta años suspiramos por nuestro paraíso perdido, un paraíso nuestro, único, especial. Un paraíso de casas rotas y techos desplomados. Un paraíso de calles desiertas, de muertos sin enterrar. Un paraíso de muros derruidos, de torres caídas y campos devastados...


Dejadnos las ruinas. Debemos comenzar desde las ruinas. Llegaremos.

María Teresa León, Memoria de la melancolía