“But Paris was a very old city and we were young and nothing was simple there, not even poverty, nor sudden money, nor the moonlight, nor right and wrong nor the breathing of someone who lay beside you in the moonlight.”

E. Hemingway.
"París era una fiesta"


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Monday, 2 September 2013

Mr Kaizer, su Contanze y yo

 Algunas veces hace falta un cartucho de palabras. Otras, sobra con que duelan las piernas, las caderas, los hombros y la boca con un dolor como de amar toda la noche, para saber que estuvo una tocando a las puertas de un cielo hecho de máscaras,  toneles y patas de cabra.












Fotos: http://mrkaizers.tumblr.com/

Saturday, 15 June 2013

De ti a la eternidad

Contaré del sol alto de las nueve en punto de la noche. De las lilas y las verjas y del Mojito improvisado, carísimo, malísimo, irresistible. Del lodo del Sandman, que me enerva. De la tipeja del pantalón hombruno que tiró la rosa a la basura con mohín de desprecio. Ah, las depresiones sáficas, tan demodé. De los conversadores pijos con sus mocasines, sus iPhones y sus camisetas rosa, y de las torturas que se me ocurrieron para ellos.

Contaré de la figura que salió saludando con una decadencia que no se aprende. De la negrura lloviendo desde el pelo hasta los zapatos, poderoso King Ink. De la virilidad intacta de la voz, repercutiendo entre mis piernas. De las manos y los ojos alzados, esperando redenciones. Muebles disfrazados de Ku Klux Klan y una canción que bastará para salvarnos.

Y claro, contaré de mi garganta, tan pérfida, y de mi manera de violarla. Moscú no cree en lágrimas, ni yo en dolencias inoportunas. De la señora que, atónita, volvió a mi sus inocentes ojos azules cuando Stagger Lee se dispuso a sodomizar al pobre Billy. De mi sonrisa, que amenazaba saltarle encima. Del hombre que bailaba a mi lado, con una borrachera tan completa como su calvicie. De cómo no se le escapó ni un solo verso. Y de tu mano roja, mi amor, buscando el lugar donde terminan mi espalda y mi pelo para descansar de los aplausos cuando la muchacha del sombrero rojo nos robó la canción.  Todavía crees en ángeles.

Contaré, al fin, con voz que ya no estará entrecortada por esta tos de perra agradecida,  cómo era Él. Y yo. Nosotros. La cofradía de Nicolás de las Cavernas y Todos Los Santos de Éste Día.


Friday, 24 May 2013

Paz a la venta

Y el asno vio al ángel de Jehová, que estaba en el camino con su espada desnuda en su mano y su anuncio del concierto de Megadeth para esa misma noche en la otra. Y alborotóse el asno, y llenóse de regocijo, y sacó su corazoncito de metal retorcido a pasear.


Monday, 29 April 2013

Sin libros en sus estantes

Oslo se llena de gitanos.

 Son prietos y feos y se visten con trapos oscuros y estorban al pasar y meten sus manos sucias debajo de las narices de los paseantes y exigen más que piden y ocupan una vivienda tras otra y son desalojados una y mil veces y se asientan en los parques y lo ensucian todo y roban cuanto pueden y fingen paraplegias y tocan los violines más desafinados del mundo y miran con unos ojos negros que te preguntan en romaní cómo es que puedes tú, Juan Con Todo apresurado de latte humeante y iPhone activo,  no dolerte de su avieso destino.

La derecha pide que se prohíba mendigar de una buena vez. La izquierda desaprueba, ¿qué será entonces de los junkies? Y la demagogia, que no conoce partidos, sonríe.

Mientras tanto, sigue lloviendo, y yo he recordado a aquel menesteroso Vinajera de los cuentos de mi padre, que recorría el pueblo con una escudilla en una mano y en la otra un cucurucho de papel con la que amplificaba su letanía contradictoria:

"Advertimos que pedir no se puede. En nombre de la estrella, y del Cristo crucificado."






Thursday, 25 April 2013

Oslo calling to the underbush

Por este medio se le comunica a las alepheadoras, las que apochapan, las que hacen lo que le apetece pues para eso son ofelias, las que escriben su diario con m y  las que están locas por acabar de caer en el tanque de caramelo hirviendo y convertirse en una chambeloncita -y por demás a cualquier otra hija de Lilith que quiera unirse al experimento- que en el momento en que se decidan a hacer una de estas escapadas pueden contar conmigo, no hasta dos ni hasta diez sino contar conmigo, y que a propósito conozco un par de bosques que nos vendrían de perlas.

Chiflen, no más.


Wednesday, 13 March 2013

Vals para Sabina


Oslo de martes. Oslo marciano, helado, gris, árido de un invierno que, sin embargo, tiene los días contados, como las dictaduras y los dientes de leche. Oslo de martes marciano y de gente que camina muy rápido para que no se le enfríe el amor.

El auditorio está lleno, pero amilanarse está prohibido. Como valientes anguilas nos escurrimos entre la gente y vamos a dar allí donde queremos estar. A partir de ahora para tocar el cielo sólo habrá que estirar la mano.

Comienza la música. Comienzan las bromas, los espasmos de las manos, los sorbos alternos al vaso de whisky y a la botellita de jarabe para la tos. Comienza la labor del mago del gorro, que para la ocasión va muy elegante con un traje que ha comprado hace dos días, por el costo de un mazo de zanahorias, en un pulguero vecino. La moda y sus tiranías. Y sus disidentes.

Me descubre en primerísima fila y me hace un guiño cómplice: no lo he defraudado. No podría, querido, así de simple.

Babyland se impone y con ella las risas, los hombros relajados. No hay nada tan sabroso en el mundo como una canción familiar y cómoda que permita desafinar a gusto. Los aplausos llueven, pero él saca un paraguas para dos. "Cuba, mi corazón", dice mirándome, y yo le respondo enviándole con la punta de los dedos un beso que él devuelve, y con una lagrimilla que no ve. Siento los ojos de todos en la espalda pero finjo no enterarme; basta con que me ardan las orejas.

Dos, tres, cuatro canciones a golpes de tragos e ironías risueñas, hasta que llega Sabina, la musa única del sobrero hongo, experta en el arte de caminar. La boca se me llena de asombro cuando escucho que cambia su nombre por el mío en uno de los versos, y él lo sabe y sonríe, y si saca otro conejo como éste, buen Dios, tendré que llevármelo a casa.

Ya se va. Tiene cincuenta años y una gripe que le ha tomado cariño. Pero antes, una última canción, la del estribo. Los otros quieren canciones largas y dinámicas. "Fisk i en skål", le pido yo, y a él se le ilumina el cansancio. "Mariana, tú sí que sabes", replica, y la canta sin esfuerzo, muy bajito, como si cantara para si mismo. Sé, sí.

Sé aún cuando salgo de nuevo a la calle bañada de una escarcha que ya es de miércoles. Sé más de camino a casa, y para cuando me meto en la cama sé tanto que creo que estallo en sueños inmediatos y blancos. Dentro de unas horas amanecerá, y en la almohada habrá restos de rimmel y sonrisas.



                                     Fotos:©The Old Man Down The Road



Tuesday, 6 March 2012

Desescandinavia

Lo último que leí ayer antes de cerrar los ojos para no dormir fue la noticia de una pelea en una barriada de Oslo. Bates, sierras mecánicas y machetes habían sido utilizados por los implicados y la policía comentaba, entre resignada y ruborosa, que cada vez son más comunes las trifulcas de éste tipo en las comunidades inmigrantes.

Horas antes leía sobre una chica de diecisiete años que, mientras iba del gimnasio a su casa en el autobus, fue robada por una padilla de adolescentes somalíes que, no contentos con haberla despojado de su iPhone, la siguieron cuando bajó del vehículo, insultaron y golpearon varias veces.

En ningún momento hubo intervención alguna de parte de los expectadores; la chica estuvo a merced de sus atacantes hasta el momento en que pudo salir corriendo, llegar a su casa y contarle a su padre lo sucedido. Fue éste quien avisó a la policía, mientras iba en su carro a encontrarse con los muchachos, y advirtió a la autoridad que de no aparecer inmediatamente iba a correr la sangre, pues se había armado antes de salir.

Cada día aparecen notas como estas en los diarios. Cada día violaciones, robos, asesinatos, reyertas, vejaciones a mujeres y homosexuales. Y, cada día, la estadística en letras rojas: los inmigrantes de Europa del Este y África son los protagonistas sin discusión de los entuertos.

Yo no soy socióloga, politóloga o antropóloga. Soy una ciudadana más, otra que se pregunta hasta dónde dejaremos que se estire el concepto de tolerancia en éste país, y me encantaría que los corazones sangrantes siempre dispuestos a envolver el crimen en paños políticamente correctos y tibios, me respondieran.


Monday, 14 November 2011

Angustias

Hace unos días, cuando hablábamos de conchas y toros, Carlota dijo que en Chile una botella de vino bueno cuesta 5 dollares, y una de vino muy bueno 15. Y yo, que a veces ando como el guanajo, he comenzado hoy a sacar cuentas, y no salgo de mi asombro.

5 dollares son 28 coronas noruegas. O sea, lo que cuestan dos paquetes de leche o una barra de chocolate.  Y con las 60 coronas  a que corresponden los 15 dollares podría apenas comprar una botella del peor vino que haya en el mercado noruego. La más módica de las botellas del Amarone que tanto me gusta cuesta 40 dollares.

O sea, que otra vez Dios le da habas a quien no puede roer. Y digo yo, Carlota, será que podemos establecer una red de tráfico Santiago-Oslo, a ver si se me pasa esta envidia?