“But Paris was a very old city and we were young and nothing was simple there, not even poverty, nor sudden money, nor the moonlight, nor right and wrong nor the breathing of someone who lay beside you in the moonlight.”

E. Hemingway.
"París era una fiesta"


Thursday, 20 November 2014

Not for you

Y porque, como afirmaba el señor Nietzsche, que era tan sabio que acabó en el manicomio, la paradoja es el atajo para llegar a la verdad, en un momento dado aquella rubia que se echaba al coleto cerveza tras cerveza se volvió hacia mí y me enlazó por la cintura mientras cantaba a viva voz y yo, por estar sobria como una ostra, o concentrada en mirar al Eddie, o por puro instinto, le sonreí sin mirarla y le dí la vuelta, sin perder la ternura pero con firmeza para que regresara a su posición original, como la choza de Babá Yaga. Tres canciones más tarde la vi, bailando muy apretadita con otra pájara de la noche, mientras se besaban con los ojos cerrados.


"Not for you", cantaba el Eddie cuando rechacé sus arrumacos. Lo cual es bello e instructivo.



Wednesday, 19 November 2014

De la luna en el mar

Y entonces —y se disculpará el entonces, pero a veces no queda más remedio— entonces resulta que viene una de allí, que allí saltó y corrió y asustó a los gorriones y se rió a carcajadas o se entristeció hasta los huesos y se burló o se enamoró o le sacó el cuerpo a la garra del loco o se apresuró para ir a su encuentro, o que allí se quedó y sigue, que no es lo mismo pero es igual.




Sunday, 2 November 2014

Fieles y difuntos

"...que nos pasamos la vida bailando, que las noches se llenan ayes de amor y orgasmos salpicones, que nos sentamos en el malecón a darle la teta a la nostalgia que heredamos de la Colonia, que el mestizaje nos define y hace únicos, que se puede hacer dulce de sonrisas y que somos pobres, sí, pero de esa manera que sale bonita en las fotografías, cuando la realidad es que la novela brasileña es el denominador común, que hay que hacerlo bajito para que no se escuche en el otro cuarto y en el de más allá, que en el malecón no hay quien se siente hasta la puesta de sol, que nadie quiere ser negro, que nos reímos porque es más fácil comprar ron que leche y en cuanto al baile, mírate a ti..."

Mariana, deshuesando a Cuba.

Sunday, 19 October 2014

Yudas

"Los tópicos sociales." "Una alimentación sana y balanceada." "Contacto sexual." "Compañeros: en el marco de esta reunión..." "Los senos."

¿Existen concreteras de palabras? Y si existen, ¿quién las maneja? 

Monday, 13 October 2014

Retrato de familia

Con la llegada de la temporada ciclónica renace en Cuba el temor por los desastres que puedan venir, y yo recuerdo a mi abuelo. Contaba él  que su madre, una señora de temple que parió y crió  nueve hijos sin que le flaqueara el ánimo, tenía una relación muy directa y poco ortodoxa con la Potencia Divina. Iba por la casa contándole sus penas y glorias en voz alta, recriminandole los descalabros cotidianos y exigiendo reparaciones, y cuando sentía que se le había ido la mano ofrecía novenarios, como parche.

En aquellos tiempos todavía llovía en Cuba como Dios manda, y los ciclones eran de los que ya no vienen. Durante uno de ellos se hallaba mamá Fela hincada en la cocina, que era su altar, rezando la oración para conjurar las tormentas, cuando una ráfaga de viento se llevó por los aires una de las cazuelas que colgaban en el cobertizo. La oración, a saber, quedó recompuesta de una manera singular:

Aplaca, Señor, tu ira,
tu justicia y tu rigor,
(la olla se fué a la mierda)

¡Misericordia  Señor!

Desde entonces, ese es el conjuro que hacemos en la familia ante cualquier desastre climático. Hasta ahora nos ha ido bien, porque al final Dios no es mal tipo, lo que pasa es que Él también tiene su gente.


       
                                                  


Sunday, 12 October 2014

Formas de regresar a casa

Las abejas, el aliento helado, el dulce de naranjas, los pregones, el jabón basto, los totíes, los tractores, el musgo, las chimeneas, el sofrito, las baldosas, el melao, las almejas, las palmas reales, los charcos, el Old Spice, los crucifijos, las gardenias, los tibores, los almendros, los lápices, las máquinas de escribir, los piñones, el café, el bigote de Juanito, las pasas en ron, las temperas, los murciélagos, las persianas "Miami", las motocicletas con sidecar, los ingenios, los patines, el alcanfor, los caramelos de colores, el Benny, los palos de canela, las lámparas de luz fría, los bancos de mármol, las auras tiñosas, los carriles ferroviarios, el trigo, las camisetas blancas, el regaliz, los libros forrados, "¡Ay, coño!" dicho con énfasis en medio de un orgasmo o en medio de un apagón, los libros de cocina, los rosarios, los despertadores de plástico amarillento, los balances, los aguaceros, la tinta china, las lagartijas, los cuentos de Gorki, las ventanas enrejadas, la albahaca, los flamboyanes, los toneles y el mar.

Saturday, 27 September 2014

Nothingman


"Por supuesto, no es ropa de santo precisamente", dices, y la ves meterse en la camiseta, y notas cómo cobra vida de nuevo la calavera con su sombrero de copa y al mismo tiempo te das cuenta de que su sonrisa hueca no es la misma, de que te mira como reclamando algo, su cuerpo-dueño, el meneíto que sacudía el trago con que te esperaba y los muslos a medio cubrir y la melena invadiéndolo todo y la sonrisilla cuando llamaba tu madre y la manera tan suave de pedirte porquerías y el sonido de pedo mojado que hacía con la boca cuando decidía dejarte por imposible y su humor de sepulturero y los maullidos que traumatizaban a los murciélagos.

En algún lugar de la ciudad llueve, y ella lee. Le faltas, pero eso no lo sabes porque eres un imbécil. Y además eres desconfiado, porque aún cuando ella te ha dicho claramente que eres un imbécil, no lo quieres creer.

Saturday, 20 September 2014

Creature comforts

La voz de Frank Sinatra.
Los zapatos cómodos, las bragas mínimas.
Los libros de Hemingway, el vino tinto, los gatos mansos.
Un jabón que huele a tu papá.
Un balance.
Una buhardilla.
El olor del mar cuando entras a La Habana.
El trueno de las tres de la tarde.
Las risas de tus hermanos.
Las manos grandes.
El viento. Los sauces. El viento en los sauces.
Hacer el amor hasta que duela.
Una camisa de flanela.
Las medias de lana cruda.
Las cicatrices.
Un hijo que ya no tiene fiebre.
El olor a lavanda en la almohada.
Una canción que te gusta, en la radio.
Las películas francesas.
Las berenjenas.
Los recuerdos buenos que otros tienen de ti.
Mirarte al espejo y parecerte a tu mamá.
Tu ciudad, cuando cae la tarde.

Para todo lo demás, si tienes mala suerte, está MasterCard.


Monday, 15 September 2014

Strange little girl


There are a hundred things she has tried to chase away the things she won't remember and that she can't even let herself think about because that's when the birds scream and the worms crawl and somewhere in her mind it's always raining a slow and endless drizzle.

You will hear that she has left the country, that there was a gift she wanted you to have, but it is lost before it reaches you. Late one night the telephone will sing, and a voice that might be hers will say something that you cannot interpret before the connection crackles and is broken.

Several years later, from a taxi, you will see someone in a doorway who looks like her, but she will be gone by the time you persuade the driver to stop. You will never see her again.

Whenever it rains you think of her.

Neil Gaiman

Saturday, 6 September 2014

Rather your legs than your heart

—¿Dónde se esconden los Ernest?—, me ha preguntado ella, y yo me he encogido de copa y de hombros.

¿Dónde, en efecto? ¿Qué fue de aquella raza de hombres altos de manos como prados y pechos como almohadas? ¿De los hombres con que las niñas substituían a sus padres? ¿De los hombres que no golpeaban jamás después de haber sonado la campana? De los hombres que usaban camisetas blancas debajo de la camisa, tenían enemigos jurados desde el tercer grado, lucían dos o tres cicatrices inexplicadas en el cuerpo, no necesitaban abridores para las conservas, sabían silbar, podían leer en voz alta, arreglar una silla y hacer callar al perro y además cambiar el centro de gravedad de tu cuerpo al primer impacto. Esos hombres, ¿se extinguieron, como los dinosaurios? ¿Murieron achicharrados, pegados una bombilla que no resultó ser la luna? ¿O andan aún por los rincones, acurrucados contra las rendijas, buscando calor, amedrentados por la reinante tribu de princesos? 

No lo sé. Lo único que tengo claro es que se extrañan, que hay cosas que sólo una barba (visible o no) puede solucionar. Así pues, Ernestos honestos, come out, come out, wherever you are: aún quedan Leopoldinas por enterrar.