Libro, gato, vino, moño. Ese es el orden, Sancho.

Saturday, 20 September 2014

Creature comforts

La voz de Frank Sinatra.
Los zapatos cómodos, las bragas mínimas.
Los libros de Hemingway, el vino tinto, los gatos mansos.
Un jabón que huele a tu papá.
Un balance.
Una buhardilla.
El olor del mar cuando entras a La Habana.
El trueno de las tres de la tarde.
Las risas de tus hermanos.
Las manos grandes.
El viento. Los sauces. El viento en los sauces.
Hacer el amor hasta que duela.
Una camisa de flanela.
Las medias de lana cruda.
Las cicatrices.
Un hijo que ya no tiene fiebre.
El olor a lavanda en la almohada.
Una canción que te gusta, en la radio.
Las películas francesas.
Las berenjenas.
Los recuerdos buenos que otros tienen de ti.
Mirarte al espejo y parecerte a tu mamá.
Tu ciudad, cuando cae la tarde.

Para todo lo demás, si tienes mala suerte, está MasterCard.


Monday, 15 September 2014

Strange little girl


There are a hundred things she has tried to chase away the things she won't remember and that she can't even let herself think about because that's when the birds scream and the worms crawl and somewhere in her mind it's always raining a slow and endless drizzle.

You will hear that she has left the country, that there was a gift she wanted you to have, but it is lost before it reaches you. Late one night the telephone will sing, and a voice that might be hers will say something that you cannot interpret before the connection crackles and is broken.

Several years later, from a taxi, you will see someone in a doorway who looks like her, but she will be gone by the time you persuade the driver to stop. You will never see her again.

Whenever it rains you think of her.

Neil Gaiman

Monday, 8 September 2014

Viaje

Y decidí empacar, y llamé, y vino la luz con todo lo que ilumina; como una vela, una mano, los ojos de un gato y una sonrisa.

 Y llamé, y vino todo lo que se arroja a la basura en un día de lluvia, y me alegré porque yo necesitaba todo lo que se arroja a la basura en un día de lluvia; como la cena del martes, una llave, un muñeco muerto. 

Y llamé y vino el mar con sus olas y un pequeño bote con tres marineros y todo lo que es mojado; como el vino, como la lluvia sobre el tejado, como una bicicleta en el fondo del lago, como un pozo, como un perro que se escapa pero regresa otra vez.

Y llamé y vino la montaña con todo lo que es viejo y duro y pesado; como la mano de un tío, como algo que de lo que nadie se acuerda ya, como la luna, como un omnibus que nunca llega, como un agujero sin fondo.

Y llamé y vino un árbol con todo lo que tiene ramas y nudos y hojas y raíces que crecen; como una cicatriz en la barbilla, como una amistad, como una semilla, como una barba, como un gusano, como un niño cuando sueña, como un corazón dentro de un huevo.

Y llamé y vino una bestia silenciosa con sus pensamientos, y me alegré porque yo quería lo que todos callan, pero piensan, y todo lo que es secreto, y todo lo que está oculto; como un cofre debajo de un árbol, como lo que no se puede decir, como quién es él en realidad, como un bolsillo interno, como un regalo muy especial, como algo que alguien vió y otro escuchó, como los libros de un papá.

Y llamé y vino un llama, pequeña e intranquila y peligrosa; como un pico, como una piedra, como una almendra, como un dibujo que cobra vida, como un payaso, como algo muy injusto, como un zorro hambriento, como un grito.

Y llamé y vino la noche, alta y oscura y enorme y callada, con todo lo que es súbito y corto y pasajero y pronto a desaparecer para siempre; como un chirrido, como una herida en una rodilla, como un beso, como un otoño, como un pensamiento, como una pompa de jabón, como una bisabuela, como un calosfrío. 

Y llamé y vino el sonido con todo lo que suena; como una garganta, como un vidrio que se rompe, como un incendio, como un pájaro que anuncia que son las dos, como un hacha, como una cajita de música.

Y llamé y vino un Maestro, con su mano de hierro y con todo lo que sirve para ayudar; como las orejas de un gato muy listo, como un espejo, como una tía, como un ojo sano, como una sombrilla.

Y llamé y vino un ladrón, con un saco y un túnel y unos hombros pesados y aquello que apenas existe;  como todo lo que llena un caja vacía, como un fantasma, como la huella de una mordida de hace cinco días.

Y llamé y vino alguien que era él mismo con todo su cuerpo, como todo lo que puede ser sí mismo; como alguien que acaba de crecer, como el otro, como la niña del árbol, como un hermano que piensa mucho, como una gota.

Y todo cupo en la maleta.

Saturday, 6 September 2014

Rather your legs than your heart

—¿Dónde se esconden los Ernest?—, me ha preguntado ella, y yo me he encogido de copa y de hombros.

¿Dónde, en efecto? ¿Qué fue de aquella raza de hombres altos de manos como prados y pechos como almohadas? ¿De los hombres con que las niñas substituían a sus padres? ¿De los hombres que no golpeaban jamás después de haber sonado la campana? De los hombres que usaban camisetas blancas debajo de la camisa, tenían enemigos jurados desde el tercer grado, lucían dos o tres cicatrices inexplicadas en el cuerpo, no necesitaban abridores para las conservas, sabían silbar, podían leer en voz alta, arreglar una silla y hacer callar al perro y además cambiar el centro de gravedad de tu cuerpo al primer impacto. Esos hombres, ¿se extinguieron, como los dinosaurios? ¿Murieron achicharrados, pegados una bombilla que no resultó ser la luna? ¿O andan aún por los rincones, acurrucados contra las rendijas, buscando calor, amedrentados por la reinante tribu de princesos? 

No lo sé. Lo único que tengo claro es que se extrañan, que hay cosas que sólo una barba (visible o no) puede solucionar. Así pues, Ernestos honestos, come out, come out, wherever you are: aún quedan Leopoldinas por enterrar.



Thursday, 28 August 2014

Jazz me, please

Y es eso, exactamente, eso y no otra cosa es lo que ocurre si te levantas desnuda en la madrugada, justo cuando comienza a nevar, y te parece que has atravesado el ropero, o cuando usas medias de seda, ligeramente rosa, que insisten en no rodarse y que se adhieren a tus muslos como si hubieran nacido ahí, o cuando ves una colección de mariposas doradas y pardas, o cuando entras a una cocina verde con ventanas francesas, o cuando retoña la mejorana en el tiesto, o cuando tu melena se enrolla en un puño, o cuando suena Louis Armstrong y huele a miel y a manzanas, o cuando entras a una librería diminuta y atestada, o cuando te sientes valiente porque acabas de crecer veinte centímetros de tacón, o cuando a alguien que conoces le gusta mucho Chagall, o cuando tienes una constelación de lunares. Eso, y no otra cosa.

Thursday, 21 August 2014

Y no dejes que te mate

"Mi niña, el sentido común es el menos común de los sentidos", solía decirme Arnaldo, un buen amigo de mi tía, noble y sabio y tierno, con el pelo siempre encaracolado sobre la nuca y una sonrisa beatífica. Y luego me contaba, otra vez, sus planes de irse a vivir a La Habana con su hijo Arnaldito, guitarrista insigne, a quién al parecer Leo Brower, después de escucharlo tocar, había prometido una beca. 

La última vez que ví a Arnaldo, estaba enfermo; mi tía y yo fuimos a visitarlo y le llevamos sopa y algunas medicinas. Él mismo abrió la puerta, envuelto en una cobija, feliz de vernos. De camino a la salita pasamos por dos cuartos sin puertas; de uno de ellos salía música, y yo no pude evitar mirar: allí estaba Arnaldito, pálido y desgreñado, completamente desnudo, sentado en un orinal, tocando su guitarra. 

"Estamos esperando noticias de Leo", me dijo su padre, risueño bajo las ojeras. "En cualquier momento llama y nos vamos."



Monday, 18 August 2014

Desamor se escribe sin filtro


—...— digo, y trato de sonreír aunque me duela la boca, porque está cayendo la tarde sobre el mar de esta ciudad de árboles lisiados, sobre esta ciudad sin pájaros, sobre esta ciudad de calles selenitas, sobre esta ciudad recalentada por soles negreros, sobre esta ciudad oscura, sobre esta ciudad arruinada, sobre esta ciudad de posguerra, sobre esta ciudad de mierda que amo y en la que fui feliz.

Búscate otro maestro, Margarita.


Tuesday, 12 August 2014

Amagos

El borracho llega e increpa a la lluvia. "¡Te lo he dado todo, cojones! ¡Todo! Y ahora te vas, y yo voy a tirarme aquí y a morirme, porque ya no puedo más." Pero antes de morirse tiene una duda, y la suelta. "Chica, ¿tú siempre fuiste tan puta?"

Cuba, Julio.

Tuesday, 17 June 2014

Devil and the deep blue sea behind me

Cuando era una niña (y nótese que no espero un "¿eras?" que me pase desapercibido primero y luego me haga sonreír, y nótese que me duele en la boca que así sea), me gustaban las caracolas. Podía pasarme horas mirando sus tenues tonos rosa y malva y tocando con los dedos su interior pulido, pero sobre todo escuchando el mar que les susurraba dentro. Me parecían objetos místicos, bellos, duros y delicados al mismo tiempo. Creo que quería ser una caracola, o al menos vivir dentro de una de ellas.

Ahora me siguen pareciendo bellas, y me las sigo poniendo al oído para escucharles el mar, pero ya he aprendido; lo hago con la misma sensación de tristeza con que uno mira las viejas casas que conoció de niño, en las que a lo mejor jugó y lloró y se sintió perdido o seguro, y que ahora están vacías. Si se presta atención aún se escuchan ecos de orgasmos o peleas, y pasos apresurados sobre losas ajedrezadas, pero al final son sólo eso, el esqueleto sonoro de lo que fue la vida. 

                                                                  ***
Afuera sigue siendo martes, y no lluevo.

Reincidencias sin lluvia