Libro, gato, vino, moño. Ese es el orden, Sancho.

Saturday, 22 November 2014

Amagos

Cuarta estación y sólo había alcanzado a leer treinta páginas. La lentitud, habría dicho él. ¿La suya o la del tren? Ambas, habría contestado él. Bueno, al menos ella no olía a fierro oxidado. Si, claro, al menos eso. Ella olía a agua destilada, a lluvia, a pájaros. Ah, los pájaros...


                                                          ***

El día anterior ella había encontrado en el balcón un gorrión con un ala lastimada. Buscó una manta y envolvió en ella el cuerpo pequeñito que casi desapareció entre los pliegues de la tela; lo puso en una cestita, alto sobre el estante para que el bandido del gato no lo descubriera.


No tenía con qué alimentarlo y salió al mercado a comprar semillas de girasol, que eran sus preferidas, porque pensó que al pajarillo también le gustarían. Le explicó a la tendera lo que pensaba hacer con ellas, y cuando la mujer le preguntó si dejaría al gorrión en libertad una vez que sanara respondió que si, que naturalmente, pero por dentro entristeció.


Cuando regresó a casa buscó la cesta y la encontró en su sitio. Estaba vacía, empero, y del gorrión sólo quedaba la marca apenas visible de su cuerpo y un tibio olor  a desamparo. Desesperó, pero el gato no se dignó a responder a sus acusaciones, y  en el teléfono su madre le habló con la voz calma y segura que se usa para consolar a los locos."Ya estás muy grande para platerismos"—dijo también.

                                                                   

                                                        ***

Quinta estación, aún treinta páginas. Al menos no era un cuervo, habría dicho él. Si, claro, al menos eso.

Thursday, 20 November 2014

Not for you

Y porque, como afirmaba el señor Nietzsche, que era tan sabio que acabó en el manicomio, la paradoja es el atajo para llegar a la verdad, en un momento dado aquella rubia que se echaba al coleto cerveza tras cerveza se volvió hacia mí y me enlazó por la cintura mientras cantaba a viva voz y yo, por estar sobria como una ostra, o concentrada en mirar al Eddie, o por puro instinto, le sonreí sin mirarla y le dí la vuelta, sin perder la ternura pero con firmeza para que regresara a su posición original, como la choza de Babá Yaga. Tres canciones más tarde la vi, bailando muy apretadita con otra pájara de la noche, mientras se besaban con los ojos cerrados.


"Not for you", cantaba el Eddie cuando rechacé sus arrumacos. Lo cual es bello e instructivo.



Wednesday, 19 November 2014

De la luna en el mar

Y entonces —y se disculpará el entonces, pero a veces no queda más remedio— entonces resulta que viene una de allí, que allí saltó y corrió y asustó a los gorriones y se rió a carcajadas o se entristeció hasta los huesos y se burló o se enamoró o le sacó el cuerpo a la garra del loco o se apresuró para ir a su encuentro, o que allí se quedó y sigue, que no es lo mismo pero es igual.




Sunday, 2 November 2014

Fieles y difuntos

"...que nos pasamos la vida bailando, que las noches se llenan ayes de amor y orgasmos salpicones, que nos sentamos en el malecón a darle la teta a la nostalgia que heredamos de la Colonia, que el mestizaje nos define y hace únicos, que se puede hacer dulce de sonrisas y que somos pobres, sí, pero de esa manera que sale bonita en las fotografías, cuando la realidad es que la novela brasileña es el denominador común, que hay que hacerlo bajito para que no se escuche en el otro cuarto y en el de más allá, que en el malecón no hay quien se siente hasta la puesta de sol, que nadie quiere ser negro, que nos reímos porque es más fácil comprar ron que leche y en cuanto al baile, mírate a ti..."

Mariana, deshuesando a Cuba.

Tuesday, 21 October 2014

...venues de pays ou il ne pleut pas

—Me hace falta el sol—ha dicho con voz quejumbrosa. —¿Para qué demonios querría alguien un otoño tan largo?

Para escuchar a Jacques Brel; para leer a John Steinbeck; para tener los pezones erectos todo el tiempo; para entrar en una casa abandonada sobre la colina y salvar un caballo de madera; para masturbarte antes de ahorcarte; para comprobar que la luna tiene color de hueso; para que regresen los erizos; para poner tus pies helados sobre la espalda de alguien que duerme y que te maldigan entre sueños; para que un rinoceronte camine por la ciudad; para que un amigo se enferme y tenga miedo y no sepas qué decirle- pienso, y no respondo. No hace falta.

Sunday, 19 October 2014

Yudas

"Los tópicos sociales." "Una alimentación sana y balanceada." "Contacto sexual." "Compañeros: en el marco de esta reunión..." "Los senos."

¿Existen concreteras de palabras? Y si existen, ¿quién las maneja? 

Monday, 13 October 2014

Retrato de familia

Con la llegada de la temporada ciclónica renace en Cuba el temor por los desastres que puedan venir, y yo recuerdo a mi abuelo. Contaba él  que su madre, una señora de temple que parió y crió  nueve hijos sin que le flaqueara el ánimo, tenía una relación muy directa y poco ortodoxa con la Potencia Divina. Iba por la casa contándole sus penas y glorias en voz alta, recriminandole los descalabros cotidianos y exigiendo reparaciones, y cuando sentía que se le había ido la mano ofrecía novenarios, como parche.

En aquellos tiempos todavía llovía en Cuba como Dios manda, y los ciclones eran de los que ya no vienen. Durante uno de ellos se hallaba mamá Fela hincada en la cocina, que era su altar, rezando la oración para conjurar las tormentas, cuando una ráfaga de viento se llevó por los aires una de las cazuelas que colgaban en el cobertizo. La oración, a saber, quedó recompuesta de una manera singular:

Aplaca, Señor, tu ira,
tu justicia y tu rigor,
(la olla se fué a la mierda)

¡Misericordia  Señor!

Desde entonces, ese es el conjuro que hacemos en la familia ante cualquier desastre climático. Hasta ahora nos ha ido bien, porque al final Dios no es mal tipo, lo que pasa es que Él también tiene su gente.


       
                                                  


Sunday, 12 October 2014

Formas de regresar a casa

Las abejas, el aliento helado, el dulce de naranjas, los pregones, el jabón basto, los totíes, los tractores, el musgo, las chimeneas, el sofrito, las baldosas, el melao, las almejas, las palmas reales, los charcos, el Old Spice, los crucifijos, las gardenias, los tibores, los almendros, los lápices, las máquinas de escribir, los piñones, el café, el bigote de Juanito, las pasas en ron, las temperas, los murciélagos, las persianas "Miami", las motocicletas con sidecar, los ingenios, los patines, el alcanfor, los caramelos de colores, el Benny, los palos de canela, las lámparas de luz fría, los bancos de mármol, las auras tiñosas, los carriles ferroviarios, el trigo, las camisetas blancas, el regaliz, los libros forrados, "¡Ay, coño!" dicho con énfasis en medio de un orgasmo o en medio de un apagón, los libros de cocina, los rosarios, los despertadores de plástico amarillento, los balances, los aguaceros, la tinta china, las lagartijas, los cuentos de Gorki, las ventanas enrejadas, la albahaca, los flamboyanes, los toneles y el mar.

Saturday, 27 September 2014

Nothingman


"Por supuesto, no es ropa de santo precisamente", dices, y la ves meterse en la camiseta, y notas cómo cobra vida de nuevo la calavera con su sombrero de copa y al mismo tiempo te das cuenta de que su sonrisa hueca no es la misma, de que te mira como reclamando algo, su cuerpo-dueño, el meneíto que sacudía el trago con que te esperaba y los muslos a medio cubrir y la melena invadiéndolo todo y la sonrisilla cuando llamaba tu madre y la manera tan suave de pedirte porquerías y el sonido de pedo mojado que hacía con la boca cuando decidía dejarte por imposible y su humor de sepulturero y los maullidos que traumatizaban a los murciélagos.

En algún lugar de la ciudad llueve, y ella lee. Le faltas, pero eso no lo sabes porque eres un imbécil. Y además eres desconfiado, porque aún cuando ella te ha dicho claramente que eres un imbécil, no lo quieres creer.