Porque cuando creo que no puedo más de tanto martes aparece una amiga con una botella de vino y una sonrisa, y encuentro a Graham Franciose, y vuelve a lloverme.
“But Paris was a very old city and we were young and nothing was simple there, not even poverty, nor sudden money, nor the moonlight, nor right and wrong nor the breathing of someone who lay beside you in the moonlight.”
E. Hemingway.
E. Hemingway.
"París era una fiesta"
Tuesday, 8 September 2015
Monday, 7 September 2015
O mar que cantava só para mim
A la reina del mar, para que no se le olviden las aguas mansas, las caracolas, la caña para pescar la luna y los labios bonitos diciendo "buenos días".
Sunday, 6 September 2015
Dulce Bárbara, o casi
Y le he hablado a ella de la maleta de madera, cubierta con fotos recortadas de las revistas, y del collarín que me regaló mi tía Teresa, sabedora de que lo adoraba, y de la pared de mi cuarto -la mitad que me tocaba- llena de afiches, y de la burla de mi papá, que decía que parecía retrasado mental, y de una tarde de lluvia que recuerdo como si fuera la de ayer, echada en mi camita, escuchándolo, segurísima de que jamás se me pasaría el amor.
Y ha sido gracioso, volver a mis catorce años a través de los suyos.
Y ha sido gracioso, volver a mis catorce años a través de los suyos.
Saturday, 5 September 2015
Hogar
nadie deja su hogar a no ser
que el hogar sea la boca del tiburón
corres hacia la muralla sólo
cuando ves que toda la ciudad corre también
tus vecinos aún más veloces que tú
con el aliento ensangrentado en la garganta
y el chico de tu clase que
solía besarte detrás de la vieja fábrica
carga un arma más grande que él mismo
sólo dejas el hogar cuando
el hogar no quiere que te quedes.
nadie deja el hogar a no ser que el hogar te persiga
brasas bajo los pies
sangre caliente en tu estómago
es algo que no pensaste hacer
hasta que sentiste el cuchillo en tu cuello
e incluso entonces cantaste el himno
por lo bajito
haciendo pedazos tu pasaporte en el baño de un aeropuerto
sollozando porque cada bocado de papel
dejaba claro que nunca volverías.
tienen que comprender
que nadie pone a su hijo en un bote
a menos que el agua sea más segura que la tierra
nadie se deja las manos bajo un tren, bajo un vagón
nadie pasa noches en la barriga de un camión cerrado
alimentándose de diarios
a menos que las millas recorridas signifiquen algo más que un viaje.
nadie se arrastra bajo una cerca
nadie quiere ser golpeado
desdeñado
nadie escoge un campo para refugiados
o cacheos que te dejan el cuerpo dolorido
o la cárcel
porque la cárcel es más segura
que una ciudad en llamas
y un custodio
en la noche es
mejor que un pandilla
de hombres que se parecen a tu padre
nadie lo soportaría
nadie podría acostumbrarse
no hay piel alguna así de resistente
los
fuera de aquí, negros
refugiados
sucios inmigrantes
asilados
sabandijas desangrando nuestro país
negros con la mano extendida
malolientes
salvajes
jodieron su país y ahora quieren
hacer lo mismo con el nuestro
cómo estas palabras
las miradas de odio
resbalan sobre tu piel
quizás porque te hacen menos daño
que un miembro arrancado
o las palabras son menos dolorosas
que catorce hombres entre tus piernas
o los insultos son más fáciles de tragar
que los escombros
que los huesos
que el cuerpo de tu hijo
hecho pedazos
quiero regresar a casa
pero mi casa es la fauce del lobo
mi casa es el barril de una pistola
nadie dejaría su hogar
a menos que el hogar lo persiguiera hasta la playa
a menos que el hogar te diga
que te apresures
que dejes atrás tu ropa
que te arrastres en el desierto
que quedes a la deriva en el mar
ahógate
sálvate
pasa hambre
ruega
olvídate del orgullo
sobrevivir es más importante
nadie deja su hogar hasta que el hogar es una voz sudorosa en el oído
diciendo:
vete,
aléjate de mí,
no sé en qué me he convertido
pero sé que cualquier otro lugar es mejor para ti
que yo ahora.
Warsan Shire
Friday, 4 September 2015
Wednesday, 2 September 2015
Closure
Haciendo memoria, he recordado más. Le gustaba la ciencia ficción, a aquel chico, y sabía que me gustaba escribir. De hecho, creo que fue una de las pocas personas a quienes dí a leer mis cuentos de entonces; la verdad es que, excepto uno, no sé qué se hicieron, pero es mejor así, porque sospecho que me moriría de vergüenza ajena si los leyera ahora -una cambia tanto en veinte y tantos años que parece que estuviera hablando de otra muchacha.
La cosa es que que me pidió una vez que le dedicara mi primer libro, si alguna vez lo escribía, y yo le dije que sí. Era fácil decir que sí en aquella época, me digo a mí misma hoy; cualquier dolor estaba aún por llegar, -pronto, muy pronto, pero no todavía- y las promesas crecían entre las brujitas del jardín. De modo que le prometí la dedicatoria, segura de que no sólo escribiría el libro, sino de que él seguiría en mi memoria, como una banderola de la decencia, erguida y ondeante, para cuando lo hiciera.
La verdad es que lo recuerdo porque sí, porque los elefantes y yo tenemos la desgracia, porque sólo una lobotomía terminaría del todo con ciertas cosas, porque lo que se sustenta de los sentidos está destinado a sobrevivir; pero, a estas alturas, he de ser sincera: no hay libro aún, y puede que no lo haya nunca pero cuando lo haya no se lo voy a dedicar a nadie que haya pasado por mi vida sin hacerme daño.
Lo que sí puedo hacer, y hago, es reconocer que no cumpliré mi promesa y disculparme por ello: lo siento, Danny. La última vez que te ví estabas con una rubia que tenía más curvas en un solo lado del cuerpo de las que yo tendré jamás, cerebro incluído: espero que eso te haya compensado. Te dejo en cambio esta cancioncilla, que te escuché tarararear entre dientes un día.
Good luck, and good life.
La cosa es que que me pidió una vez que le dedicara mi primer libro, si alguna vez lo escribía, y yo le dije que sí. Era fácil decir que sí en aquella época, me digo a mí misma hoy; cualquier dolor estaba aún por llegar, -pronto, muy pronto, pero no todavía- y las promesas crecían entre las brujitas del jardín. De modo que le prometí la dedicatoria, segura de que no sólo escribiría el libro, sino de que él seguiría en mi memoria, como una banderola de la decencia, erguida y ondeante, para cuando lo hiciera.
La verdad es que lo recuerdo porque sí, porque los elefantes y yo tenemos la desgracia, porque sólo una lobotomía terminaría del todo con ciertas cosas, porque lo que se sustenta de los sentidos está destinado a sobrevivir; pero, a estas alturas, he de ser sincera: no hay libro aún, y puede que no lo haya nunca pero cuando lo haya no se lo voy a dedicar a nadie que haya pasado por mi vida sin hacerme daño.
Lo que sí puedo hacer, y hago, es reconocer que no cumpliré mi promesa y disculparme por ello: lo siento, Danny. La última vez que te ví estabas con una rubia que tenía más curvas en un solo lado del cuerpo de las que yo tendré jamás, cerebro incluído: espero que eso te haya compensado. Te dejo en cambio esta cancioncilla, que te escuché tarararear entre dientes un día.
Good luck, and good life.
Cantaclaro
Cada vez que veo o escucho a alguien quejarse de lo mordaces que somos las mujeres me viene a la mente un pequeño incidente.
Si lo pienso bien, tiene que haber ocurrido antes, o quizás durante alguna de aquellas pequeñas, muchas pausas del cataclismo inicial, cuando todavía no me dolía nada; la cuestión es que era muy joven, y estudiaba primero de inglés, y tenía un compañero de clases que, después de meses de miraditas, se animó a invitarme al cine, una tarde. Acepté, más que nada por no hacerle el desaire, y fuimos a ver "Sueño Tropical", una de las peores películas del cine cubano de los noventa. (Peor es poco: punible, es el término adecuado).
Recuerdo perfectamente que no intercambiamos ni media palabra durante la hora y algo que duró aquello; luego él me acompañó a mi casa, y se despidió con una frase que no sólo me tomó por sorpresa sino que me dejó cavilando. Al otro día el grupo de amigos, que había seguido con interés la coyunda de las miradas, no cabía en sí de la curiosidad, y la verdad es que yo tampoco cabía en mí de la perplejidad, así que cuando una de las muchachas preguntó: "¿Y entonces? ¿Qué pasó? ¿Qué te dijo?", tuve que responder con la verdad:
—No mucho. Nada, en realidad, mientras estuvimos en el cine, —contesté—;pero luego, cuando se iba, me dijo que si me había gustado la película haría bien en ser su novia, porque él "trabaja muy bien en la cama".
—Ah, sí, eso es verdad—replicó el novio de otra de las amigas.— Él en la cama trabaja muchísimo: poniendo mosquiteros no hay quien le eche un pie alante.
El grupo estalló en risas, y yo con ellos, pero desde entonces no hay quien me haga cuentos: los hombres son hombres mientras no pueden ser mujeres, y la mayoría puede, cuando le parece.
Nota aparte: Si alguno de mis compañeros de estudio pasara por acá, por casualidad, y reconociera al susodicho en cuestión, se le ruega encarecidamente que la risa sea por lo bajito. Me consta que el escozor duró años, y no quiero más remordimientos.
Segunda nota: He decidido ponerle musiquita a esto, y nada mejor que "Oh, vida", de Benny Moré, que además de ser una de mis canciones del corazón era lo único salvable de la película. So there.
Si lo pienso bien, tiene que haber ocurrido antes, o quizás durante alguna de aquellas pequeñas, muchas pausas del cataclismo inicial, cuando todavía no me dolía nada; la cuestión es que era muy joven, y estudiaba primero de inglés, y tenía un compañero de clases que, después de meses de miraditas, se animó a invitarme al cine, una tarde. Acepté, más que nada por no hacerle el desaire, y fuimos a ver "Sueño Tropical", una de las peores películas del cine cubano de los noventa. (Peor es poco: punible, es el término adecuado).
Recuerdo perfectamente que no intercambiamos ni media palabra durante la hora y algo que duró aquello; luego él me acompañó a mi casa, y se despidió con una frase que no sólo me tomó por sorpresa sino que me dejó cavilando. Al otro día el grupo de amigos, que había seguido con interés la coyunda de las miradas, no cabía en sí de la curiosidad, y la verdad es que yo tampoco cabía en mí de la perplejidad, así que cuando una de las muchachas preguntó: "¿Y entonces? ¿Qué pasó? ¿Qué te dijo?", tuve que responder con la verdad:
—No mucho. Nada, en realidad, mientras estuvimos en el cine, —contesté—;pero luego, cuando se iba, me dijo que si me había gustado la película haría bien en ser su novia, porque él "trabaja muy bien en la cama".
—Ah, sí, eso es verdad—replicó el novio de otra de las amigas.— Él en la cama trabaja muchísimo: poniendo mosquiteros no hay quien le eche un pie alante.
El grupo estalló en risas, y yo con ellos, pero desde entonces no hay quien me haga cuentos: los hombres son hombres mientras no pueden ser mujeres, y la mayoría puede, cuando le parece.
Nota aparte: Si alguno de mis compañeros de estudio pasara por acá, por casualidad, y reconociera al susodicho en cuestión, se le ruega encarecidamente que la risa sea por lo bajito. Me consta que el escozor duró años, y no quiero más remordimientos.
Segunda nota: He decidido ponerle musiquita a esto, y nada mejor que "Oh, vida", de Benny Moré, que además de ser una de mis canciones del corazón era lo único salvable de la película. So there.
Leather on your lips
El diario hay un soldado enmascarado, utilizando todo el peso de su obsceno cuerpo para inmovilizar a un niño; hay cadáveres pequeñitos, flotando en un mar de indiferencia; hay turbas tristes, mirando impotentes los trenes de la alegría, al otro lado de la cerca; hay políticos con cara de cerdo y alas de tiñosa esperando más desgracia, como quien espera Abril.
Fuera del diario, en cambio, hay esto. Y viéndolo me siento como mi calle, cuando el aguacero de las tres cae y rellena sus baches y arrastra la basura, y lo limpia todo con una fuerza efímera pero imposible de ignorar. Luego aparecerán los gorriones ahogados, pero esa será otra pena.
Fuera del diario, en cambio, hay esto. Y viéndolo me siento como mi calle, cuando el aguacero de las tres cae y rellena sus baches y arrastra la basura, y lo limpia todo con una fuerza efímera pero imposible de ignorar. Luego aparecerán los gorriones ahogados, pero esa será otra pena.
Tuesday, 1 September 2015
Trenchcoated
Mi papá, y el forro rojo y suave de su London Fog. Bogart. John Constantine. Sting. Cutting Crew. Y Sinead O'Connor, calva y bella y llorosa, caminando entre tumbas otoñales. La sonrisa que me devuelve el espejo es por eso, porque un sobretodo es muchísmo más que un abrigo, si uno le llena los bolsillos con trillos del corazón.
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