Quiero que me acaricies, beses, lamas, pellizques, comas cada una de mis
partes, de mis recovecos, mis filigranas y emociones. Quiero que
absorbas cada gota de mi piel, que me mastiques órgano por órgano,
deleites con mi sangre y chupes mis huesos. Prometo sazonarme y
endulzarme a partes iguales. Te garantizo que gritaré de placer de modo
que el dolor no agríe tu banquete. Pero cuando alcances mis ojos,
quiero que te detengas antes de engullirlos, te mires desde ellos a una
distancia prudente; tendrás que saber que en principio no te
reconocerás, te creerás otro. Estoy dispuesta a entregarte mi cuerpo
como una presa fresca e incluso a
sacrificar mi mirada, sólo para que alguna vez pases por la miserable
experiencia de verte.
Helga Fernández
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